Comentarios 7 Temporada

Gran Torino

Por Mirta García - 15 de Junio, 2009, 14:26, Categoría: Comentarios 7 Temporada

54 Tertulia

"Gran Torino"

Una vez más, Clint Eastwood nos deleita con esta fantástica cinta dirigida y protagonizada por él mismo. Y nos demuestra como siempre que sabe dirigir, contar, emocionar, crear. Poseedor de oficio, y mucho; uno de los pocos cineastas vivos que nos ofrecen la ocasión de disfrutar de buen cine, con un guión sólido, con aroma clásico.

Conjuga con gran sutileza el drama, la comedia y la acción. Cargada de situaciones hilarantes que convocan al espectador a dejar escapar más de una carcajada, a la vez que nos introduce en el inerte y solitario mundo de Walt Kowalski, personaje interpretado brillantemente por este magnífico actor casi octogenario.

Personaje que nos recuerda a otros a los cuales les ha dado vida en otros films, como "Harry el sucio", "Sin perdón" o "Million dollar baby".

Excelente guión de Nick Schenk que nuevamente aborda temas que han sido recurrentes en las películas de Clint Eastwood tales como las relaciones familiares, las conflictivas relaciones con la iglesia, la soledad.

Pero en esta ocasión se trata además de una profunda visión y  reflexión sobre el racismo.

Tema que no nos deja indiferentes y nos incluye a todos en este mundo marcado por la globalización.

Walt Kowalski es un jubilado de la rama del automóvil, un ser huraño, conservador, arisco, rudo, racista, veterano de la Guerra de Corea, traumatizado y obsesionado por sus recuerdos y actos cometidos en dicha guerra.

Vive en un barrio que se ha ido transformando a lo largo de los años con la llegada de diferentes grupos de inmigrantes. Sus vecinos colindantes son una familia pertenecientes a la etnia hmong del sudeste asiático.

Anclado en su pasado y remiso a aceptar de que el mundo ha cambiado, atrapado en un mundo que no comprende, siendo su compañía su perra Daisy, el alcohol, el tabaco y su preciado Gran Torino del 72. Ese Ford Gran Torino que se convierte en una metáfora de ese tiempo pasado y es el nexo de unión entre dos mundos distintos.

Arranca la película con el funeral de su esposa, mientras que en la casa de sus vecinos se festeja el nacimiento de un nuevo miembro. Y cierra el film donde nuevamente nos confronta con la muerte y la vida.

No tengo la intención de desvelar la trama, pero sí resaltar algunas escenas que me han parecido excelentes. Tales como la relación entre la abuela oriental y él, donde muestran ese odio mutuo, recelo y desconfianza que los caracteriza. También de destacar la relación con el sacerdote a quien su mujer le ha encomendado que lo cuide y logre que acceda a confesarse, las conversaciones mantenidas entre ellos acerca de la vida y la muerte, las preguntas y respuestas sobre lo poco o mucho que sabemos de una y otra,  el perdón, la redención, son momentos destacables del film.

Walt al principio nos provoca un gran rechazo, somos espectadores de su transformación, nos damos cuenta que es puro semblante, y llegamos a la conclusión que llega Sue, su joven vecina cuando le dice que es un "buen hombre".

Por último distinguir el desenlace tan imprevisible como épico, también la canción final  de los créditos, donde podemos escuchar su propia voz.

Si es cierto como dicen que esta ha sido su última actuación, es imprescindible  no perderse esta obra.

Mucho más es lo que podemos dialogar acerca de esta película y muchos los temas a tratar. Animo a todos aquellos que aún no la han visto, no se la pierdan. Nos vemos el próximo viernes 19 a las 18,00 hs. en nuestro café habitual.

Considero que como cierre de temporada, qué mejor que un film de este apreciado director.

Mirta García Iglesias.

Junio de 2009

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La clase

Por Olga Montón - 9 de Junio, 2009, 19:40, Categoría: Comentarios 7 Temporada

“LA CLASE” (Entre les murs)

Director: Laurent Cantet

Intérpretes: François Bégaudeau (François Marin), Vincent Caire, Olivier Dupeyron, Patrick Dureuil, Frédéric Faujas, Laura Baqueda, Juliette Demaille, Dalla Doucoure

 

François es un joven profesor de lengua francesa en un instituto difícil, situado en un barrio conflictivo. Sus alumnos tienen entre 14 y 15 años. No duda en enfrentarse a Esmeralda, a Souleymane, a Khoumba y a los demás en estimulantes batallas verbales, como si la lengua estuviera en juego. Pero el aprendizaje de la democracia puede implicar auténticos riesgos. François -autor de la novela en la que se basa la película, con formato de docudrama- y los demás profesores se preparan para enfrentarse a un nuevo curso.

 

La última película de Laurent Cantet, que ganó la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, es un cine mestizo entre el documentalismo social y la ficción hiperrealista. Es su cuarta entrega filmográfica tras “Recursos humanos” (1999), “El empleo del tiempo” (2001) y “Hacia el sur” (2005). Fue precisamente en una presentación radiofónica de esta película del 2005, que coincidió con F. Bégaudeau. Allí Cantet le comentó que quería rodar una película y que ya estaba escribiendo un guión sobre un instituto y lo que allí sucedía. F. Bégaudeau iba al mismo tiempo a presentar su libro “Entre les murs”. Con el entusiasmo del encuentro adaptaron el guión y eligieron este instituto, en las afueras del cinturón de París, entre otras cosas por la multiculturalidad del alumnado.

Renunciando al hilo narrativo convencional, el cineasta francés articula su excelente película en dos niveles: la cotidianeidad nada truculenta y menos melodramática de un aula cualquiera de un instituto de la periferia parisina que educa a franceses que no se sienten cómodos en su marginal identidad europea, y, a modo de interludios, las deliberaciones disciplinarias de un profesorado desbordado por la anarquía del nuevo modelo educativo. No hay juicios de valor, no hay sermones ni didactismos. Los diálogos entre profesor y alumnos, las pequeñas batallas y pulsos de poder obtienen proporciones épicas para sus protagonistas y, por ende, para el propio espectador, reflejando con fidelidad la lucha diaria que supone el mundo de la enseñanza ante una generación de adolescentes cada vez más rebelde ante cualquier tipo de autoridad.

La cinta de Cantet es de esas películas milagro en las que parece no pasar nada mientras pasan tantas cosas. Misteriosamente, las rutinas de pupitre que desfilan por sus imágenes gozan de un extraño poder hipnótico. Nada que ver con las pomposas y relamidas ficciones de aulas violentas que tanto se prodigan en el cine USA. Por el contrario os recomiendo “Alpha Dog” de Nick Cassavetes, reflejo de unos jóvenes ociosos e irresponsables, verdadera crónica de “una muerte anunciada” que nos hace preguntarnos ¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? Y no sorprende que sea un hecho real.

Tarea difícil la del profesorado. Desde la clínica y desde mi experiencia trabajando en talleres con profesores se confirma la dificultad de conciliar la falta de deseo de los alumnos y la falta de autoridad, con el deseo de transmitir. Podemos afirmar que la caída del Nombre del Padre, función limitadora del goce que describe Lacan, y la caída del deseo sobre los jóvenes, en relación con su futuro, junto con la falta de ideales sociales nos ha llevado a una falta de deseo por el saber con la que es muy difícil trabajar. Actualmente el discurso capitalista de ¡Consume! engaña al sujeto creyendo que con el objeto de consumo obtura el vacío de la existencia, apareciendo cada vez más sufrimiento, porque la compra de objetos es infinita. Realmente es duro este trabajo hoy en día, con tan poco reconocimiento social y de los padres.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, para que la letra que se enseña no sea una letra muerta, el profesor tiene que poner en juego su deseo. Una enseñanza verdadera es cuando el que enseña trasmite que está causado por aquello que enseña, causado por lo que está diciendo. ¿Cómo hacer que los profesores sostengan su deseo frente a la caída social del deseo por el saber? ¿Cómo hacer que los padres se orienten frente al deseo? ¿Cómo han pasado los jóvenes del interés y la motivación por aprender a una oposición y un rechazo radical del saber? El primer paso es facilitar al sujeto, profesor, padre o alumno, la posibilidad de que sea él mismo quien pueda hacerse la pregunta ¿Por qué me está pasando esto? Desplegar preguntas puede llevarlo a una verdad que le implica, de la que tendrá que hacerse responsable, encontrando su propia manera de hacer con eso, su solución.

Querid@s tertulian@s hay muchas preguntas por hacer. Espero que nuestro próximo encuentro sea tan enriquecedor como siempre.

Os esperamos el próximo viernes 17, a las 18 h. en el café “Isadora”, C/ Divino Pastor 14.

Un saludo

Olga Montón

 

 

 

El intercambio

Por Mariano Maqueda - 9 de Junio, 2009, 19:35, Categoría: Comentarios 7 Temporada

EL  INTERCAMBIO

 

Totalmente de acuerdo con Olga Montón en su nota de hace unos días. Nos resulta digno de gran admiración un Clint Eastwood cercano a los ochenta y con esta capacidad creativa y productiva.

A esa edad Eastwood nos hace ver que no está para perder el tiempo, que quiere decir cosas muy importantes y que no se trata solo de contarnos una historia real de 1928 con todo su calado emocional. Nada es gratuito en la película. Ni siquiera la localización histórica en “la gran crisis”. Nos ubica en un código lento y relativamente simplificado, propio de la sociedad  americana de los años 30, para que podamos ver con más nitidez nuestra realidad actual.

Ha cuidado los detalles minuciosamente. Tal vez solo se le ha escapado dejar que en España el título de su película haya sido tan desafortunado: “El Intercambio”. Nos vamos a permitir rebautizarla con “El Cambiazo”.  El intercambio no dice nada, incluso suena a algo digno y bueno. Aquí lo que nos han presentado es un cambiazo. Con toda su carga de engaño, de falsedad, de indignidad. Con toda la intención política del “político” que pega el cambiazo.

Pegar el cambiazo para construir una realidad percibida por los ciudadanos que le conviene al político de turno. Ese político de turno al que le importa un bledo el sufrimiento de las personas y cuya única obsesión es que no pase nada en la realidad mediática. Ese político de turno que no quiere saber nada de la verdad y que está todo el rato ocupado en construir una percepción de realidad conveniente a su culo. El vínculo entre su “puto” culo y su “puto” sillón de poder es su verdadero vínculo.

En nuestro 2009 democrático acudimos cada día al bochorno de los telediarios y demás formatos mediáticos,  donde los señores del poder nos deleitan con algún nuevo capítulo de su particular “Storytelling”.  El Storytelling es la herramienta de marketing político con mayor capacidad de “hacer presa” en los ciudadanos. Se trata de crear relatos bien empaquetados, que sean creíbles, que capturen emocionalmente a la audiencia y que permitan reducir la angustia de la gente ante cualquier hecho o acontecimiento. Lo de menos es si es verdad o no. Lo de más es que sea rentable en votos: para el vínculo: culo-asiento.

Eastwood en El Cambiazo mete el ojo en cómo se montan los Storytelling. De hoy y de hace cien años. No hay cambio de fondo, solo que las herramientas tecnológicas de hoy en día permiten mayor velocidad y sofisticación. Pero es lo de siempre.

Policía-Médicos-Prensa. Clint Eastwood elige con mucha intención tres referentes fundamentales del cuidado de los ciudadanos, para ilustrarnos cómo al servicio del poder  los tres juntos forman un perverso dispositivo de manipulación: HACER-HACER.

La maestría de Eastwood sobresale al mostrarnos diferentes modalidades de ese hacer-hacer manipulador. Hacer que el otro no solo llegue a conformarse con comulgar con ruedas de molino, sino incluso dude por un momento sobre la verdad de lo que le está ocurriendo y consienta hacerse la foto. ¡Ah! una vez que has consentido a hacerte la foto, quedas atrapado en el Storytelling y te ves obligado a llevarte el niño a casa aunque sepas que te están dando el cambiazo.

Policía y médicos juntos, en  su versión perversa, siendo las herramientas del poder “biopolítico”. No sabemos cuánto ha leído Eastwood a pensadores actuales como Agamben o el colectivo Tiqqun, pero  lo clava. Los médicos sacados de su función de cuidar singularmente a cada persona y trasladados al lado oscuro de la ciencia. Aprovechando su reputación de cuidadores se ponen perversamente a ejercer el control biopolítico refutando la subjetividad y haciendo alarde de objetividad científica y cuantitativa, ponen al sujeto en una posición amordazada e intentan imponer su “certificado”. Una madre que muestra las rayas de la estatura de su verdadero hijo o las marcas en el cuerpo y que es acallada por una ciencia que tiene argumentos para todo, que justifica lo que sea conveniente.

Una policía pervertida ejerciendo también de controlador “biopolítico”. Siendo un representante de la ley, se la pasa por el forro con la intención de servir a su amo poder: culo-asiento. Es capaz de hacer que aparezcan niños desaparecidos (vidas de verdad), no quiere destapar fosas-pruebas, quiere echar tierra. Su función es tapar mediáticamente y alimentar el Storytelling conveniente. Ese es el lado del capitán y del jefe del capitán. Por suerte alguien escucha, alguien se sale de la norma interna y lleva adelante a riesgo propio la investigación que permite destapar y que no mira a otro lado cuando algo se destapa. Pero es importante resaltar como lo hace El Cambiazo, que el poli bueno lo tiene que hacer por fuera del control de la estructura de poder.

Los medios. Que casualidad que entre la palabra medios y médi-c-os solo haya una “c”.

En El Cambiazo era la prensa. Hoy sería la Televisión y todos los formatos mediáticos. Tratarían de llevar el caso a programas de reality show u ocuparían los telediarios repetitivos a todas horas. Los medios empeñados en que la realidad solo sea su realidad y en pulso constante con el poder: culo-asiento para una de dos o compartir ese poder con el poder político o cambiar al político para que venga otro que si comparta.

Lo que pasa es lo que yo te cuento y lo que no te cuento no pasa. Además lo que pasa, pasa tal y como yo te lo cuento. En definitiva “tu no cuentas”, “la verdad no cuenta”. Otra vez desprecio a la singularidad subjetiva, desprecio a la verdad y solo aprecio al amo: Audiencia. Cuanta gente me está viendo, qué porcentaje de audiencia arrastro. Con lo que sea.

 

Christine interpretada deliciosamente por Angelina Jolie dice que la responsabilidad viene en “una caja más grande que tú”. Ya casi nadie quiere saber que tú responsabilidad es más importante que uno mismo. Cada vez que uno cuida más su culo que su responsabilidad está jugando a su Storytelling particular. Se lo está “montando”.

Eastwood nos da varios respiros como salida. Unos nos convencen más que otros:

            -La resistencia subjetiva de Christine nos parece la más fiable y admirable. Sobre todo apoyada por la prostituta que es persona verdadera y completamente digna. Las madres de las plazas de mayo de todos los tiempos.

            -El Pastor menos creíble.

            -La Justicia  como institución regulin regulan.

            -El arrepentimiento y la confesión del adolescente de quince años, primo del “hombre del saco” creíble.

            -El poli bueno que asume su responsabilidad a titulo subjetivo, teniéndose que clandestinizar dentro de su institución, tan bueno como la resistencia de la madre.

            -La multitud como forma para ocupar un lugar mediático. Sigue siendo imprescindible moverse colectivamente y tomar la calle, si no quieres que te callen.

La tertulia será el próximo viernes 16, a las 18 h., en el café Isadora para comentar la película.

Un saludo

Mariano Maqueda

 

My Blueberry Nights. Wong Kar Wai

Por Mercedes de Francisco - 9 de Junio, 2009, 19:33, Categoría: Comentarios 7 Temporada

My Blueberry Nights. Wong Kar Wai

 

Ayer vi,  My Blueberry Nights de Wong Kar Wai, y me gustaría recomendar esta “sencilla” película. Es una película sobre el amor y el desamor que transcurre en Estados Unidos. Este director se mantiene fiel a sí mismo cuando combina de forma casi mágica los movimientos de los actores con la música y los colores. No podremos olvidarnos en sus otras películas del contorneo de la mujer que sube las escaleras, de la cacerola de los espaguetis y de los boleros que nos podrían parecer inapropiados para el paisaje urbano que muestra. Es un hacedor de películas de amor.

 

La barra de un bar es un elemento decisivo en torno al que se desarrolla este film, otro, las llaves…llaves dejadas por unos para otros, llaves no recogidas por nadie, casi como cartas “en soufrance”, “en espera” para llegar a su destino. Con estos dos elementos, y un hombre y una mujer se desarrolla una película que termina como comienza. Pero para que este cierre se produzca, tienen ambos que transitar un cierto tramo del camino a solas, tienen que darse tiempo. Tienen que desterrar la prisa.

 

Ella se tiene que curar del desamor que la ha dejado maltrecha, él de la espera equivocada. Ella emprende un camino por el interior de Estados Unidos y trabajando de camarera en turno doble para aturdirse, comienza a interesarse por esos hombres y mujeres aquejados por el desamor. Un hombre que no deja ir a su mujer aunque llevan tiempo separados, una hija que no puede amar por un amor siempre frustrado con su padre, la permiten a ella tomar el camino de vuelta. A través de las cartas que le envía a él a su café, irá encontrando la manera de cruzar una calle, cruzar un umbral que parece tan difícil. Este “miedo” Wong Kar Wai nos lo hace sentir cuando de vez en cuando vemos pasar el metro vertiginosamente por encima de un puente. Del vértigo con el que comienza la película cuando él contesta al teléfono, a la cámara lenta cuando ellos dos se encuentran.

 

Un comentario escuchado al pasar al salir del cine sobre la película: “la vida real no es así” me hizo comprender mejor la fuerza de este relato. En esta frase “la vida real no es así”, este real no es el imposible del que hablamos los lacanianos, este real es la realidad que vamos conformando con nuestros fantasmas y miedos para alejarnos de lo imposible y por tanto de lo que podemos hacer posible. “La vida real no es así” que parece una frase muy realista es en realidad lo que nos aleja de lo real, de lo imposible, para sumirnos en la impotencia de la realidad fantasmática.

 

Wong Kar Wai muestra, al menos dos formas de lo real, la muerte y el amor; y él decididamente elige una, ¿por qué esta sería menos real que la otra? A este comentario de “la vida real no es así”, le siguió otro algo jocoso de una mujer, “sí claro, la vida real no es así porque nosotros no nos movemos a cámara lenta”, o quizás sí, a veces nos movemos a cámara lenta y logramos eternizar un instante.

 

Mercedes de Francisco

 

 

Crónica 48

Por Marta Mora-Doldán - 9 de Junio, 2009, 19:30, Categoría: Comentarios 7 Temporada

Elvira Lindo, autora de la novela, es una buena observadora de lo cotidiano, esto hizo que al principio casi no se pudiera decir nada, salvo: desear que sirviera para ayudar a dar los buenos días a los barrenderos. Así empezamos este reencuentro después de las vacaciones, con caras nuevas y en un nuevo lugar, el Café Isadora, un lugar delicioso, que nos brindó una cálida y respetuosa acogida.  

Se comentó como Rosario se va humanizando en el trato con Milagros, nombres muy bien elegidos en la novela. Rosario, que vive en el deber ser y Milagros, que espera un milagro que no se produce.

Desde el psicoanálisis el personaje de Milagros aparece pobre y confuso, se la muestra como una mujer vitalista, alegre siempre, desprendida con el dinero, que da un alto valor a la amistad, con una capacidad de entrega enorme aunque algunos detalles hacen sospechar algo más grave. Milagros en el fondo vive al borde de un precipicio, tiene sueños que interpreta como premonitorios y se guía por ellos, tanto como para pelear por llevarse una parrilla que encuentra en la basura como al encontrar a un bebé en un contenedor. Se señaló que la autora no marca bien la contingencia, el encuentro en el taxi cambia la vida de estas dos mujeres, como con los distintos encuentros, el bebé, Morsa.

Milagros da en el clavo con sus argumentos, cuando apuesta por llevarse al bebé, lo soñó. ¿Cómo un objeto más? ¿Repitiendo la apuesta que hizo con su madre? ¿No hay vida ni muerte mientras tenga el objeto?. Lo que le reprocha a Rosario, en su falta, deja a esta sin poder reaccionar. Las dos, débiles.

Cuando aparece Morsa, el hombre que se enamora de Rosario, se acabó el milagro para Milagros, el amor que le tiene a Rosario es lo mismo que el amor entre hombre y mujer, no hay diferencia sexual, se lo dice así a Rosario. Por eso seguramente, en Internet apuntan erróneamente a la homosexualidad de Milagros pero a ella el sexo no le interesa.

Nos plantearía ¿Cómo se enfrenta uno a la vida?, Rosario desde la ortodoxia, hace lo que hay que hacer, rabiosa por lo que le toca, sin sentir. Milagros, sin capacidad de elección, aunque aparenta saber hacer con lo que se encuentra, perdida la apuesta, pasa al acto y se suicida.

Alguien dijo que lo que realmente le gusta de estas tertulias es la riqueza de las distintas miradas, que hace buena cualquier película. Acordamos que la película gana en las situaciones dramáticas, el trabajo de los actores es creíble, aunque se oyeron voces disonantes. Hasta la luz es apropiada, la vida de estos seres transcurre en las sombras.

“No soy digna de entrar en tu morada pero una palabra tuya bastará para sanarme”, restos de una oración que da titulo a la película y que hizo que se apuntara al poder de la palabra. Los psicoanalistas lacanianos sabemos que este poder tiene dos caras, empujar a un sujeto a hablar de lo que se resiste a decir tiene el riesgo de encontrar la otra cara, la del límite con lo real. 

Se dijeron muchas más cosas pero… como no todo se puede decir, lo dejo aquí, animándoles a seguir asistiendo.

 

 

Marta Mora

 

 

 

 

Hace mucho que te quiero

Por Luis Seguí - 9 de Junio, 2009, 19:30, Categoría: Comentarios 7 Temporada

A veces es mejor no saber nada", le dice Juliette a su hermana Léa, en esta película que trata de la muerte, la soledad y la búsqueda desesperada de un motivo -al menos uno-para seguir viviendo, después de una tragedia cuya dimensión intransferiblemente personal ha marcado a Juliette para siempre. También aborda la posibilidad de la redención, y no por casualidad en la clase de literatura de Léa aparece Dostoievski y su torturado personaje de "Crimen y castigo".

Después de quince años apartada del resto del mundo, Juliette está justo en el límite invisible que puede hacerle caer fuera de lo que el común de las personas llama normalidad, y no tan sólo en sentido metafórico. La imagen que el director -escritor y también profesor- Philippe Claudel nos ofrece de Juliette al comienzo del filme es la de un despojo, un resto expulsado, paradójicamente, de las tinieblas interiores propias de un universo concentracionario,  a otras tinieblas no menos tenebrosas para ella, esta vez exteriores: ella "ha pagado", como se dice en estos casos, una deuda contraída con la sociedad. Pero hay otra deuda, la culpa, con la que deberá cargar mientras viva: "la muerte de un hijo -le dice a su hermana- es la peor cárcel; no se sale nunca".

Durante la primera parte de la película resulta muy evidente que el comportamiento de Juliette está impulsado por la necesidad de seguir castigándose, encerrándose en una actitud casi autista, provocando situaciones como la del furtivo encuentro sexual con un joven desconocido -acaso una forma de comprobar si aún es capaz de sentir algo-, o revelando de un modo brutal su secreto para sabotear una entrevista de trabajo.

A partir de la segunda mitad, una sutil transformación -y en este sentido es un prodigio la iluminación, que al principio ha conseguido incluso que Kristin Scott Thomas parezca fea- se opera en Juliette, a la que contribuyen tanto elementos contingentes, como la tierna y patética figura del policía -cuyo suicidio confronta a la protagonista con lo real de su propia muerte-, como la lenta conformación de unos lazos sociales cuya textura se va consolidando hasta que, atravesado el límite, Juliette cae del lado de la vida.

En esta transformación de una mujer-resto en una sujeto -es decir, en un cuerpo habitado por significantes-, tiene un papel decisivo en primer lugar su hermana Léa, una espléndida Elsa Zylberstein, que carga también con la culpa de haber dejado que le "lavaran el cerebro" unos padres que fingían que Juliette no existía, y Michel (un trasunto del propio director de la película), que tiene sus propias razones para comprender el drama de Juliette.

Cae del lado de la vida cuando ella puede, finalmente, contarle a su hermana lo sucedido, y cuando al oír la voz de Michel ella responde: "estoy aquí", es decir, estoy viva.

Os esperamos el próximo viernes 21 en el café ISADORA, para comentar la película.

Luis Seguí

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