Cine y Psicoanálisis

Los descendientes

Por Olga Montón - 10 de Febrero, 2012, 11:28, Categoría: Cine y Psicoanálisis

COLOQUIO DE CINE Y PSICONÁLISIS. “El Séptimo”

77ª Tertulia
   

“LOS DESCENDIENTES”. de Alexander Payne. 2011.

 

“Cómo no hacer insoportable lo imposible”

Basado en la novela de Kaui Hart Hemmings publicada en 2009, el director Alexander Payne realiza su quinto largometraje, siete años después de “Entre Copas (Sideways)” (2004), con la que consiguió el Oscar al mejor guión adaptado y 5 nominaciones. Y lo hace con una cinta de estructura lineal y factura sencilla, convencional y sin más sorpresas que las que su protagonista encuentra. La cinta  llega después de haber obtenido buenas críticas y dos Globos de Oro, mientras se postula como una de las favoritas para los Oscar.

Matt King (George Clooney), casado y padre de dos niñas, se ve obligado a reconsiderar su pasado y a encauzar su futuro cuando su mujer sufre un terrible accidente de barco en Waikiki. Matt intenta recomponer la relación con sus hijas —la precoz Scottie (Amara Miller), de 10 años, y la rebelde Alexandra (Shailene Woodley), de 17—, al mismo tiempo que se enfrenta a la difícil decisión de vender las tierras de la familia.

La cámara busca continuamente a George Clooney, para arrancar comicidad con sus gestos o sus ridículas carreras, para descubrir las reacciones y heroicidades de un personaje entrañable y atractivo en su imperfección. El protagonista comienza diciendo: “¿Piensan que somos inmunes a la vida? ¿Qué nuestro sufrimiento es menos doloroso por vivir en Hawái?”

Matt es un padre del amor, que posiblemente enredado en “los negocios familiares” cual mandato superyoico andaba despistado de la vida familiar. Su padre le dijo: “Da a tus hijos suficiente dinero para que hagan algo, pero no tanto como para que no hagan nada”. Cuando la realidad se impone su respuesta da cuenta del amor por esas hijas que no conoce y esa mujer en coma. Su posición de dar lo que no tiene, su imposibilidad para tener respuestas, su silencio, su petición de ayuda a la hija mayor y sus abrazos a pesar del rechazo inicial, va construyendo una relación de amor que culmina en la escena final los tres compartiendo un helado.

Por otro lado Alex, en su papel de descontrolada adolescente, desconcertada y enfurecida con la madre por ser infiel al padre y portadora de su secreto; y con el padre por no estar donde debía estar, a la altura, y le dice: “Tú no tienes ni idea de nada, ¿verdad?” . Sin embargo, parece bien orientada en su elección por ese joven Sid (Nick Krause), un joven de la época pero que la quiere, que con su sola presencia “la hace más civilizada”, un joven que sabe del dolor y que acepta la imposibilidad. Al principio se lo impone al padre pero termina siendo un apoyo para él, defendiéndole frente a ese suegro que da cuenta de los caprichos de su hija en coma y que le reprocha: “Vivía mas en un año que tú en 10 metido en ese despacho” “Elizabeth sufre un infortunio cuando a ti te llega la fortuna”.

Finalmente Scottie, que recuerda a la pequeña Olive protagonista de “Little Miss Sunshine”, con las dificultades para enfrentarse a la pérdida de su madre termina recuperando a su padre.

“La familia es como un archipiélago, estamos solos y nos vamos alejando lentamente”, dice Matt. Es su manera de no hacer insoportable lo imposible, aceptar la imposibilidad la hace más soportable.

Nos vemos el viernes 17 en el café Isadora en la calle Divino Pastor, 14, a las 18 h.

 

Un saludo

Olga Montón

 

Moderación: Olga Montón. Coordinación: Olga Montón. Equipo: Pilar Berbén, Carmen Cuñat, Mercedes de Francisco, Mirta García, Marta Mora, Graciela Sobral.

 

http://elseptimo.zoomblog.com/cat/0

Correo: olgamonton@terra.es

 

 

 

 

Madres e hijas

Por Mirta Gracía - 13 de Octubre, 2010, 10:36, Categoría: Cine y Psicoanálisis

     

 

 

 

 

                                                    MADRES E HIJAS (2010)

 

 

 

“Madres e hijas” (2010), título original “Mother and child” es el último film de Rodrigo García Barcha (1959), director y guionista de origen colombiano, criado en México y actualmente reside en Los Ángeles.

 

Ha sido galardonada con el gran premio del 36º Festival de Cine norteamericano de Deauville. El origen de este festival es el de promover el cine independiente.

 

Nos sorprende nuevamente en esta película su mirada y lectura para adentrarse y con éxito en el universo femenino, como ya lo hiciera en anteriores films, basta recordar “Cosas que diría con solo mirarla” (2000) su ópera prima y también en “Nueve vidas” (2005) que es un recorrido por la vida de nueve mujeres cuyas historias se entrecruzan, recordándonos al enfoque coral que Altman plasmó en “Vidas cruzadas”.

 

Enmarcado dentro del cine independiente, nos demuestra que cuando existe una historia que contar no hace falta ni tanto presupuesto ni efectos especiales, simplemente un buen guión, destreza y profesión son suficientes para llevar un proyecto a buen fin.

 

Su interés por abordar el mundo de las mujeres no deja de llamarnos la atención.

Cuando es interrogado por los medios acerca de esta peculiar visión, comenta que las mujeres le fascinan porque son seres más complejos.

Le gusta observarlas en variadas situaciones, tales como el rostro que lucen ante la elección de una prenda de vestir, cuando vislumbran a un hombre guapo, cuando están embarazadas, etc.

Le atrae su tenacidad y dedicación para conseguir aquello que se proponen, así como el modo de amar a sus seres queridos y la capacidad que tienen también en un momento dado para volver locos a los hombres. Nunca se sabe que piensan, pero resulta divertido, imaginarlo.

 

Madres e hijas es un retrato sobre la ausencia, las oportunidades perdidas y la especial relación que existe entre madres e hijas.

Las tres mujeres están marcadas por las ausencias, la soledad y la maternidad, buscan desesperadamente algo, bien el triunfo material encarnado por Elizabeth (Naomi Watts), abogada exitosa, cuya vida está afectada por el abandono materno, bien una hija perdida en el caso de Karen (Annette Bening)  o bien un hijo por llegar en la situación de Lucy (Kerry Washington).

 

Lacan introduce el concepto de estrago que hace referencia a la relación violenta y pasional entre madre e hija. Esta demanda infinita será formalizada con el término de estrago. Consiste entonces en una fijación a la ligazón-madre, la mujer en el caso de no ceder en esa posición, de no resignarse a esa ligazón, queda condenada a la decepción y hostilidad.

 

Vemos esta posición claramente ilustrada en el caso de Karen (Annette Bening). Recordemos una de las primeras escenas del film, cuando al despertar de un sueño, acude rápidamente a dormir con su madre. Enganchada en el pasado, por una decisión que se ve forzada a realizar, apenas vive el presente y no vislumbra un futuro.

Identificada a esa madre que la obligó a entregar su bebé, se ha convertido en una mujer hostil, amargada, implacable, exigente en demasía tanto consigo misma como con sus semejantes.

 

El significante decepción es fiel compañero en la vida de estas dos mujeres, madre e hija. La madre, una mujer anciana y enferma, en un momento dado dice que “la vida es una decepción tras otra” y cuando Karen le comenta que ha conocido a Paco (Jimmy Smits) un compañero de trabajo, las palabras que dirige a su hija son: “no te expongas a un fracaso”.

Karen con cincuenta años, sigue siendo esa niña de catorce que parece haberse negado a crecer y ser independiente, dedicada al cuidado pleno de su madre. Da muestras de haber aprehendido, asimilado y encarnado en su ser  a esa madre que sí está arrepentida de la decisión que obligó a tomar a su joven hija, pero sin embargo muere antes de poder manifestarle su arrepentimiento.

Los significantes de su madre han hecho marca en su cuerpo, cuando rechaza a Paco (Jimmy Smits) diciéndole: “no quiero llevarme una decepción”.

Vemos como esta mujer lleva una vida infeliz y desgraciada, sin poder hacerse con su existencia, arraigada en un pasado que la atormenta y condiciona.

 

Freud nos hablaba de la necesidad de castigo que algunos sujetos necesitan experimentar. Sufrir un castigo como la forma de racionalizar, de nombrar un sentimiento de culpa inconsciente. En su artículo “El yo y el ello” explica este alivio de sufrir un castigo para poder enlazar este sentimiento inconsciente de culpa con algo real y actual. (caso Karen).

 

Cada acto no es sin consecuencias, y éste en concreto ha marcado de forma indeleble tanto la vida de la madre como de su hija.

 

Un punto de inflexión se produce cuando muere su madre.......

Annette Bening está impecable. Excelente actriz, su actuación me llevó a recordarla en un maravilloso film de Sam Mendes, “American Beauty” donde una vez más nos dio muestras de su arte.

 

En cuanto a Elizabeth (Naomi Watts) exitosa profesional y amante del éxito, huye, presa de una vida nómada, como si al huir lograse escapar de ese abandono materno que no ha podido superar, siendo ella la que reiteradamente abandona por miedo a ser nuevamente abandonada. Liga sus trompas con diecisiete años, tal vez para no estar nunca tentada de realizar aquel acto que marcó su existencia. Se nombra como un ser independiente, y sin embargo sin saberlo está atrapada en un ser carente de amigos, inmersa en una gran soledad, se presenta fría, calculadora y dueña de sus actos.

 

Su encuentro con Paul (Samuel Jackson) su actual jefe dará un giro a su vida...............

 

Interesantes también a tener en cuenta las relaciones de las hijas, Lucy (Kerry Washington) y  Ray (Shareeka Epps) con sus respectivas madres, como así mismo el comentario de la niña ciega en relación a la suya.

 

La inmersión en este film nos lleva a preguntarnos cuál ha sido nuestra experiencia con nuestras madres y en el caso de ser madres cómo transcurre con nuestros hijos. Los hombres tampoco salen librados de esta pregunta, porque han podido también ser fruto de madres estragantes.

 

La película podría haberse convertido en un empalagoso melodrama, sin embargo se mantiene fiel a su género y en alguna ocasión se escuchaban carcajadas en la sala. Digno de mención también el hecho que nadie se levantó de sus butacas hasta haber terminado los créditos. Es un buen signo.

 

Espero que la disfrutéis y nos vemos el 15 de octubre a las 18.00 hs, en nuestro cálido Isadora.

 

Mirta García Iglesias

7 de octubre de 2010

 

 

 

 

Mr. Nobody

Por Olga Montón - 15 de Septiembre, 2010, 10:49, Categoría: Cine y Psicoanálisis

 “Las vidas posibles de Mr. Nobody”

 Por Olga Montón

(Mr. Nobody). Jaco Van Dormael, Bélgica-Francia-Canadá-Alemania, 2009

 “Y si me lo permiten, me gustaría quedarme a ver la película con ustedes, ya que aún no estoy del todo seguro de haber entendido el final.” Así terminó Jaco Van Dormael la presentación de su último trabajo en la última edición del Festival de cine de Sitges.

Y esa es la sensación que tienes cuando sales del cine. Las múltiples interpretaciones que la película genera me hicieron asociarla a la experiencia psicoanalítica en un sujeto. ¿Será esto? ¿Será aquello? Parece que el director ha pasado por esta experiencia. El tiempo no cuenta, todo es un caos ordenado a la manera del inconsciente, donde los hechos parece que fueron ayer. Freud descubrió el inconsciente aplicando la hipnosis en sus primeros pacientes y no parece casual que en la película lo utilice el director al inicio cuando Mr. Nobody no puede dar cuenta de quién es y el doctor le dice que va a utilizar una técnica antigua que no siempre da resultado. “Remenber, remember, remenber” le dice al anciano mientras mueve, cual péndulo, una bolita delante de sus ojos. Sin embargo, enseguida Freud descartó esta técnica, pues lo que se pueda descubrir por hipnosis el sujeto no lo hace consciente, por tanto no es una experiencia psicoanalítica.

En el año de 2092, Nemo Nobody (Jared Leto), un hombre de 118 años de edad, es el último humano mortal viviendo entre humanos que se han vuelto inmortales gracias a increíbles avances científicos. Interesante el tema de la clonación de órganos a partir de células madre en un cerdito, cada uno con el suyo en brazos cual objeto adorado. Cuando Nemo se encuentra en su lecho de muerte, revive a la manera de un “gran hermano”, varias posibles existencias y matrimonios que tal vez pudo experimentar, como si fuera una cinta de moebius poética. Con constantes saltos en el tiempo y en la imaginación, adentrándose en la infinidad de decisiones que poco a poco van moldeando su vida, haciendo que ésta tome un rumbo u otro, tratando al mismo tiempo temas como la niñez, la familia, la memoria, el azar, la vejez. Un gran reto para el actor Jared Leto (conocido sobre todo por su excepcional trabajo en Requiem por un Sueño - Darren Aronofsky, 2000 - y su éxito con la banda “30 seconds to Mars”), que interpreta a un total de doce personajes en este laberinto de vidas (incluido el abuelo) y que, sin lugar a dudas, sale victorioso de todos ellos.

Visualmente fascinante la vida de Nemo en el limbo antes de nacer y la elección de los padres. Nos recuerda a la reflexión sobre la novela familiar que todo neurótico realiza en la experiencia psicoanalítica y la pregunta sobre el deseo de los padres. “Todo existe, podía verlo en los ojos de mi madre, pero no podía ver los míos, veía mis manos pero no podía verme yo. ¿En realidad existía?. ¿Porqué yo y no otro?” dice Nemo, el bebé. La necesidad de darle sentido a todos los hechos de nuestra existencia, como la paloma al principio, hay una parte de aprendizaje en la vida, pero ¿el resto? Esos hechos que no dependen de nosotros sino del encuentro contingente o del capricho del otro o del universo, llueve a pesar de la predicción del padre y la madre le dice: “deja de preguntar ¿porqué?, es complicado”.

Las múltiples escenas de ahogamiento, de sensación de asfixia como metáfora de momentos difíciles en la vida. ¿Quién no ha soñado que se ahogaba? Quien no ha sentido que se ahogaba? A Nemo le salvan de morir ahogado distintos personajes y situaciones, incluso despertando o retrocediendo en el tiempo, esto nos da claves para las preguntas que surgen como en un análisis. ¿Cuál es la relación del sujeto con su deseo? ¿Qué desea realmente que suceda? y ¿Cuáles fueron las situaciones fundamentales que constituyen en su caso la cadena significante?

Muy acertada la sensación de que a pesar de pasar el tiempo, de tener 118 años, te sigues viendo como aquel joven que fuiste, que tiene toda la vida por delante, no importa el espejo. “Quiero despertar” dice Mr. Nobody. Y se sueña con 39 años, parece  que fue ayer. “¿Cómo era antes de la inmortalidad?” pregunta el periodista, y Nemo responde “Fumábamos, comíamos comida, follábamos todo el tiempo y nos enamorábamos……” en definitiva gozábamos.

Por otro lado, ¿no será el niño, en su fantasía, pensando en el futuro? Aparece un niño en el andén de una estación de tren, el tren está a punto de partir, son las 9,10. ¿Debe subir al tren con su madre o quedarse con su padre? De esta elección ¿dependerán muchas vidas posibles? ¿Le llamará el padre en el último momento haciéndole perder el paso y quedándose con él? ¿Será el cordón de la bota, de mala calidad, lo que le haga quedarse? Esto determinará la elección de pareja. En realidad ¿se fue con su madre pensando en encontrar a Anna, la hija de su amante?

También podría ser el adolescente escribiendo sus posibles vidas. Magnifica la forma en que plasma la relación del adolescente con el suicidio y la muerte, como un deseo con el que juega y se imagina en los momentos en que se siente mal. Igualmente con los deseos de muerte hacia el otro, en este caso el amante de la madre, que es más fácil de matar imaginariamente que el propio padre. Interesante la escena del lago en la que llama idiotas a los rivales, impidiéndole la relación con la chica que desea y ocultando su castración, no sabe nadar. Sin embargo cuando lo comparte con Anna, le da su falta, ella automáticamente se enamora, porque es un acto de amor “dar lo que no se tiene a quien no es”, como decía Lacan. “No hay vida sin ti”, se dicen. Después surge la pasión en esa convivencia fraternal que el padre de ella no soporta. Tampoco la madre de él, que no le entrega las cartas que recibe. Será años después que se encuentren en la estación, siempre la estación, cuando al morir la vagabunda él permanece allí más allá de las 9,10, siempre las 9,10 en todos los relojes de su vida. Y ella de tanto esperarle “se le olvidó el amor”, necesita tiempo para acostumbrarse otra vez al amor.

Mientras, en la escena del baile, al que acude sin que la moneda eligiera por él porque la pierde, es cuando elige a Elise, lo hace justo cuando ella es rechazada por otro, es la mujer a la que hay que salvar, ella le pone en el lugar del salvador y acepta. Esto trae consecuencias, pues ella no lo elige por el amor, pasa la vida pensando en el otro, no es capaz de vivir la vida que le propone Nemo al salvarla. En realidad ella no quería ser salvada, quiere ser la rechazada. Nemo le habla de Marte, que la superficie está llena de desechos y polvo, esto despierta su interés. Así es como se siente, un desecho, ella le pide que cuando muera lleve sus cenizas allí. No importa la vida de después, los hijos, el bienestar, la comodidad, su posición subjetiva es ser la rechazada, esto es lo que la satisface, por eso se deprime con la posición de “la madre feliz”, “no intentes animarme, me hace sentir peor” dice Elise.  Nemo intenta cazar al oso, metáfora de ese miedo que desespera a Elise, pero se siente impotente, no sirve nada, ni quemar el coche y ella le dice “me doy cuenta que contigo mi vida pasa de lado”. Para Elise no se trata de buscar a ese amor de juventud, porque cuando se separa y en la peluquería se encuentra con el antiguo amor(Stefano), no lo reconoce, porque no desea realizar su amor sino sostenerse en esa posición de estrago, amar al que no te ama, eso la satisface.

Pero si él hubiera aceptado el rechazo de Elise y ella no ser salvada,  hubiera podido ir al baile con la determinación de casarse con la primera chica que baile con él y una lista de propósitos de triunfo y riqueza que le llevan a lo peor, porque es una elección por el goce, no por el amor. Lo vemos en la experiencia clínica, como después de haber conseguido las metas propuestas el sujeto no es feliz, sufre y se pregunta ¿porqué?. “Está jodidamente aburrido”, dice Nemo en la carta que le deja a Jeanne, y ella le dice “No me conoces, nunca me ves, siempre estás en otra parte”. Todo el rato con la moneda hasta hacerse pasar por otro. Como dice Freud en su artículo, “Los que fracasan al triunfar”, en realidad no era eso lo que deseaban, pero descubrir eso a veces lleva toda una vida, a veces lleva al suicidio y a veces al encuentro con un analista.

¿Qué parte tiene que ver con lo contingente y que parte elegimos a lo largo de nuestra existencia? Así el niño piensa: mientras no elija todas las opciones son posibles.

El director nos somete a un bombardeo sensorial con inauditas casualidades, encuentros sorprendentes, miradas que propician acercamientos, intensos momentos, tropiezos inesperados.... componiendo un mosaico tan bello como caótico por momentos.

No está claro el mensaje: no vivir dejándose arrastrar, al final seremos lo que elegimos ser o da igual lo que elijamos siempre queda lo contingente. Es como si nos quisiera sorprender con cada pieza del puzle, haciéndonos perder por el espacio y el tiempo en un laberinto colosal cimentado en la constante toma de decisiones que es la vida...

En cualquier caso, lo que mejor trasmite es esa posición del sujeto neurótico obsesivo, siempre con la duda, con la dificultad para tomar decisiones, sopesando todo un sinfín de posibilidades, ¿Cuál es la elección correcta? Hay decisiones que son para siempre, que no te permiten regresar, hay un antes y un después de algunos actos, por eso es difícil decidir. Para el sujeto obsesivo, la libertad de no tomar una decisión, le mantiene en el deseo imposible. Mientras no escojas, todo es una posibilidad y aquí radica la satisfacción.

Por otro lado todo el trabajo de elaboración del autor: “¿Por qué somos como somos? ¿De dónde viene nuestra personalidad? ¿Qué percepción tenemos de la realidad? ¿Hay buenas y malas decisiones, o todas son interesantes? ¿Somos realmente libres para decidir?”, te hace recordar un trabajo psicoanalítico.

“La vida no es siempre lo que pensamos que sería” dice la madre de Nemo.

“De todas esas vidas ¿cuál es la correcta?” Pregunta el periodista, “cada una de ellas lo es” dice Mr. Nobody, “cada camino es el correcto”.

En la escena final, cuando Nemo, no sigue a su madre ni se queda con su padre, parecería que la película fue creada en la imaginación de un niño de 9 años, que no teme a opciones imposibles. Antes no podía tomar una buena decisión porque no sabía que pasaría, luego, tras haberlo analizado, toma el camino de en medio. ¿Será éste el de su deseo? una tercera posibilidad que le daría la opción de construir algo nuevo en su vida, su propio recorrido.

Un saludo.

Olga Montón

Septiembre 2010

 

 

"PRECIOUS"

Por Olga Montón - 3 de Marzo, 2010, 20:35, Categoría: Cine y Psicoanálisis

"PRECIOUS"

"PRECIOUS"

Por Olga Montón

El director, Lee Daniels, escarba en las heridas de una familia disfuncional. A sus 16 años, Claireece "Precious" Jones está embarazada por segunda vez de su padre, al que nunca ve. Es una chica obesa y analfabeta que vive en Harlem junto a su madre, una ex-presidiaria que la somete a maltratos físicos y emocionales. Cuando la joven está a punto de abandonar la escuela por su embarazo, es trasladada a un instituto alternativo donde los alumnos participan activamente en la enseñanza, allí conocerá a la señorita Rain.

Es la última sorpresa del cine independiente y uno de los dramas más premiados de la temporada."Precious" está basada en la novela "Push" (1996), escrita por Saphire, quien enseñaba a leer y escribir a adolescentes en Harlem y en cuya experiencia se basa el libro.

La protagonista es la debutante Gabourey Sidibe, que ha sorprendido a la crítica tanto como su madre en la ficción, Mo"Nique, flamante Globo de Oro a la mejor actriz de reparto. El elenco se completa con Paula Patton (Déjà vu) y dos estrellas de la canción que hacen sus pinitos en el cine: Mariah Carey y Lenny Kravitz. "Precious" fue la gran triunfadora de Sundance 2009, logrando el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público, además de ganar otro Premio del Público en San Sebastián y sorprender fuera de concurso en Cannes. Ahora, ha sido nominada a 6 Oscar, entre ellos mejor película, mejor director, mejor actriz (Gabourey Sidibe), mejor actriz de reparto (Mo"Nique) y mejor guión adaptado.

Daniels afirmó en una entrevista cuando le preguntaron por su éxito: "A veces no lo entiendo bien, porque pienso: '¿Qué ven los blancos en Precious?'. Es una historia afroamericana, muy privada. No rodé para los blancos estadounidenses, ni para el resto del mundo. Lo hice para nosotros. Los afroamericanos no veían mis pelis [Daniels también produjo Monster's ball]. Y fue mi madre, tras el éxito de Precious, quien me recalcó: 'La historia es universal, el dolor es universal, ese viaje es muy poderoso".

Y bien, esta película es el viaje al horror más íntimo. Aquel que se ejerce sobre los seres que deberías amar. Te deja impactado la sorpresa del final. ¿El abuso es desde los tres años? Esto me hizo recordar un libro, sobre la dictadura Argentina, del que me habló una compañera, Dos veces junio, de Martín Kohan. Solo fui capaz de leer el primer párrafo, que reza así: Cap. 1, Apartado I, "El cuaderno de notas estaba abierto, en medio de la mesa. Había una sola frase escrita en esas dos páginas que quedaban a la vista. Decía: "¿A partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño?"

Habría tanto que decir de los abusos y los maltratos que no sé por dónde empezar. Frente a ese goce sin límite del otro solo se puede elegir otra forma de goce y huir.Nos podemos preguntar: ¡¡¡¡¿Cómo puede una madre aceptar esto?!!!! En la clínica vemos cómo la mujer puede quedar estragada por su partenaire, como decía Lacan de las mujeres ("Radiofonia y Televisión, 1970).  "……sino mas bien acomodaticias: hasta el punto que no hay límites a las concesiones que cada una hace para un hombre: de su cuerpo, de sus alma, de sus bienes". ¡¡¡¡Y también de sus hijos!!!! La madre aparece celosa del deseo que el marido siente por su hija y la maltrata, ni siquiera puede ponerle palabras en la entrevista con la asistente social. Cuando al final habla es por el dinero, por la pensión.

Lo que me pareció interesante es la insoldable decisión del ser, en este caso de Precious, de rechazar el goce de los padres y elegir otra cosa.

Sí, realmente le han tocado malas cartas en la partida de la vida, pero ella decide descartarse poco a poco. Tiene ayuda, el encuentro con el buen profesor que cree en ella, sabe que le gustan las matemáticas, se le dan bien, sabe que hay un sujeto detrás de esa fachada "autista". Entonces la recomienda para la escuela alternativa lo que cambiará su vida. Y podemos preguntarnos ¿Puede un buen encuentro cambiar el destino de un sujeto?, si, pero el sujeto tiene que desear cambiarlo, poner de su parte, tomar la decisión. La insoldable decisión del ser.

Una historia dura y a la vez llena de sensibilidad.  Encuentro resonancias lacanianas en esta película. Cuando aparece la escuela alternativa, ese Uno enseña a Uno (Each One teaches one), igual que en psicoanálisis decimos los tratamientos "uno por uno". No se puede abordar un sujeto por su síntoma, no todos los deprimidos o adictos o hiperactivos tienen el mismo abordaje, como nos dicen las terapias cognitico-comportamentales que silencian lo particular de cada uno. Hay que escucharlos uno por uno. Ver cómo ha llegado el sujeto hasta allí y cómo vive eso que le pasa, y por eso cada uno somos únicos.

Le tocaron malas cartas en el reparto de esta partida que es la vida. Pero ¿puede alguien con malas cartas hacer buenas jugadas? Como en las partidas de póker el sujeto se pone en juego. También se pueden hacer malas jugadas con buenas cartas.

Y es lo contingente, el encuentro inesperado con esa profesora, "Each One teaches one",  que las acoge una por una, les pregunta por su nombre y su historia. Ya en el primer encuentro les pregunta: ¿Qué es lo que mejor sabes hacer?, dando un lugar para el deseo se produce un cambio en Precious y habla, habla por primera vez en una clase. Crecemos inmersos en un baño de lenguaje, incluso antes de nacer, pero vemos en Precious la carencia de lo simbólico, sólo está la brutalidad sin sentido, el golpe. La importancia de lo simbólico, de poner palabras a los sentimientos, las palabras se articulan con la subjetividad, ordenar el pensamiento mediante la escritura. "El hombre piensa con ayuda de las palabras. Y es en el encuentro entre esas palabras y su cuerpo dónde algo se esboza" (J. Lacan, "Conferencia en Ginebra" 1975). La profesora les dice: escribir, escribir, lo que sea, pero el gesto de poner sobre papel su vida, lo cotidiano, simbolizar para salir de la brutalidad de su madre, del goce de su padre. Decimos: es inhumano lo que estos padres hacen con su hija. Si humano es aquel que está representado por los efectos del lenguaje vemos aquí cómo el acto queda suspendido de todo lo simbólico, sólo lo brutal, no hay palabras ni explicación posible. Pero sí es humano, porque solo los humanos podemos dejar en suspenso lo simbólico y ser conscientes de ello. A Precious solo le queda la fantasía, imaginar otra vida, durante los estados casi catatónicos en los que cae ante la agresión. Pero consiguió salir al ser preguntada por su deseo, ¿Qué es eso que haces bien, con deseo?

La posición de esta profesora se parece a la del analista, que sostiene su deseo dando lugar al deseo de cada uno, hay una trasferencia de trabajo. Esto te puede permitir hacer otra jugada con las cartas que te han tocado y las jugadas que hayas ido haciendo.

La ética tiene que ver con la decisión, no tanto con los demás, como contigo mismo, tu deseo. Y Precious decide asistir a esa escuela alternativa. Y qué bien si todas las escuelas fueran alternativas y consiguieran generar deseo.

Jacques Rancière en su libro "El maestro ignorante" afirma que "el maestro ignorante es aquel que enseña lo que él mismo ignora. Según Jacotot, es posible enseñar lo que uno ignora si uno es capaz de impulsar al alumno a utilizar su propia inteligencia. El maestro  echa a andar las capacidades que el alumno ya posee, la capacidad que todo hombre demostró logrando sin maestro el más difícil de los aprendizajes: aprender a hablar".

Por último ¿qué decir de la comida?, objeto transaccional por excelencia. Confundir la demanda de amor con la necesidad de la comida lleva a los sujetos a distintas patologías como la anorexia o la bulimia. Precious le hace la comida a su madre y esta la rechaza y la obliga a comérsela, ella cede, ¿creyendo que su madre así la querrá?. Agarrarse al objeto comida parecería que es la única satisfacción que le queda.

Dejo para la tertulia la relación con las amigas y toda la estructura de pensiones que retroalimenta el embrutecimiento de los sujetos que se acomodan a ese sistema.

Os esperamos en la próxima tertulia, el viernes 12 a las 18 h. En el café Isadora.

Olga Montón.

El secreto de sus ojos

Por Silvia Nieto - 22 de Noviembre, 2009, 18:41, Categoría: Cine y Psicoanálisis

 

EL SECRETO DE SUS OJOS

 

Reconozco que Campanella consiguió conmoverme especialmente con el tratado que realizó de la ternura en El hijo de la novia, aún así y dejando de lado las comparaciones, El secreto de sus ojos me parece que se trata de una película muy bien armada, enlazada en sus idas y venidas temporales de los años 70 hasta la actualidad, en las articulaciones de los vacíos de saber y de los trazos de historia con los que cuenta el personaje principal para posibilitar una escritura de lo sucedido, escritura que le sirva para dejar atrás varias cuestiones, no sólo a él, sino al resto de los personajes…

El cómo resolver lo que quedó pendiente, en la memoria de cada uno, cuenta como hilo conductor la escritura de una novela, cuyo tema a esclarecer es el asesinato de una joven que aconteció en los años 70, bajo extrañas circunstancias.

Lo que quedó pendiente se presenta para cada uno bajo las siguientes modalidades: el ser acosado por la memoria en el caso del protagonista, el no querer mirar atrás en el caso de ella, y en la venganza del marido de la asesinada.

Así serán diferentes modalidades de tratar lo pendiente.

El hacer algo, en el caso del protagonista, a través de la escritura de una novela, con los trocitos de memoria y la indagación sobre lagunas de saber acerca de lo sucedido, y todo ello bajo la mirada de ella. Vuelve al amparo de su mirada para que algo pueda ser escrito.

La frase de ella en donde “al mirar atrás se podrán tener muchos pasados pero ningún futuro”, lo cual, si se tiene todo resuelto está muy bien, pero lo que está pendiente sabemos que retorna, retorna siempre bajo el particular modo en que emerge para cada uno.

Quizás sea interesante el debate acerca de cómo un sujeto encuentra la manera de soportar la muerte –sucedida de modo brutal- de un ser querido, sin haber encontrado el amparo de las autoridades, de la justicia, es más, sintiéndose burlado por ellas…

El empleo efectivo de la justicia, suele permitir a aquellos que han padecido una pérdida brutal, apaciguar, conseguir cierto límite a ese sufrimiento para que dé paso a un recomenzar, abriendo la posibilidad de un duelo.

Y cuando el duelo no se efectúa, la melancolía toma paso, se abre camino con fuerza, entregándose, en este caso parece que de por vida, a hacer existir a quién se perdió, y el vengarse con la “cadena perpetua” es la forma que toma en esta ocasión.  Condenándose perpetuamente a esta tarea, sin poder mirar más allá.

También, la impotencia y el acoso en la memoria, que persisten en el protagonista, parecen necesitar una vía de acceso, una salida. El qué hacer con el tiempo libre que le queda en su jubilación –una vez cumplidos los ideales, casarse y trabajar, que le tuvieron entretenido a la vez que anestesiado- y con esas imágenes y preguntas que le retornan una y otra vez… algo de su deseo parece que despierta, y es a través de la escritura, de una nueva composición de la historia, que le permiten atravesarlo, dejarlo atrás, encontrar la salida...

Y cuáles son las cuestiones que operan en los personajes de él y ella, cada uno a su manera, uno más otro menos,  en el postergar en el decir, el callar por años las palabras de amor, que siempre se quedaron al filo de lo decible, en lo que a su declaración de amor respecta, posibilitando así la imposibilidad y por esa misma vía su amor- … imposibilidad sostenida en la rigidez de un temo, que con solo consintiendo aflojar un poquito las letras, a desarticular algo, el hueco permitió introducir un a  y escribir otra cosa: un Te amo.

Y no se puede dejar de nombrar al único que enuncia claramente como goza, sin secretos ante las miradas de los demás: “a mi lo que me gusta es beber y que me caguen a trompadas”. Y quizás aunque se empeñe en señalarle al secretario judicial tantas veces que no se haga tanto cargo de él, de sus deudas, de su ausencia en el trabajo, de los problemas con su mujer… sabemos bien que una cosa es el lugar del enunciado y otra muy distinta el lugar de la enunciación... pues efectivamente al elegir morir en su lugar, permite pensar cuán en deuda se sentía hasta el punto de saldar lo pendiente con su propia vida.

 

Que lo pendiente, finalmente, en todos los casos acaba siendo una cuestión de amor.

Que lo pendiente se albergó EN secreto EN sus ojos.

 

Silvia Nieto

Octubre 2009

Anticristo

Por Mercedes de Francisco - 15 de Octubre, 2009, 9:52, Categoría: Cine y Psicoanálisis

 


 

“Anticristo”

Lars Von Trier

Por Mercedes de Francisco

 

Es sorprendente comprobar como la publicidad de esta película y las críticas vertidas sobre ella, han hecho que provoque un rechazo “a priori” injustificable.

Hasta los que la han defendido de los ataques furibundos de los críticos, entre otros, el de “nuestro” peculiar “enfant terrible” Boyero, caen en la ceguera del que prefiere seguir desconociendo lo que se nos da a ver. Aunque consideré a Lars Von Trier, desde sus comienzos, como un cineasta inquietante, distinto y, a la vez, gran director, en muchas ocasiones no estuve de acuerdo con su recurso a una salida religiosa (Rompiendo las olas). Sin embargo, esta es una película plagada de metáforas con alusiones bíblicas en las que el sentido religioso estalla cuando se abordan estos goces tan dispares del hombre y de la mujer.

La mostración en algunas escenas de una violencia explícita, tan denostada por los criticos, sirve de pantalla; es el velo que permite a los espectadores seguir ignorando lo que cada uno sabe por su propia experiencia.

Nadie quedará indiferente frente a este film, sentimientos de angustia, asco, rechazo, etc, resultarán en si mismos inquietantes y aunque se quieran despachar a la manera “chabacana” de Boyero1, habrá algo que no terminará de dejarnos tranquilos.

Envueltos en la música y en la belleza de la secuencia del comienzo ya estamos atrapados, contemplamos la caída por la ventana de un niño de un año casi sin inmutarnos y a partir de aquí comenzará el despliegue de la tragedia.

Que en la mujer anide el mal y esté anudado al goce, es un tema ya descrito y tipificado por los griegos a través de sus dioses. Fue Tiresias -castigado durante años a ser mujer-, el que les hizo saber que la mujer goza diez veces más que el hombre. En Tiresias encontramos intacta esta aspiración, preferentemente masculina, a la contabilización de un goce incontable, no localizado que se experimenta en todo el cuerpo y que esta actriz nos logra transmitir magistralmente. Si algo me parece que fue justo en Cannes fue el premio que le dieron a Charlotte Gainsbourg por esta interpretación.

No sabemos si Lars Von Trier conoce los desarrollos de Jacques Lacan en lo que se refiere al goce femenino y al masculino y la imposibilidad de que se complementen, pero desde luego podemos decir que si no lo conoce “sabe sin él lo que él enseña”.

En el prólogo, ya nos muestra que la femineidad y la maternidad no son la misma cosa para la mujer y que esto implica una desgarro fundamental. El papel de la naturaleza en esta película es un “engaño”, a la manera de una alegoría casi “infantil”, -el bosque se llama el Edén, la película el Antricristo, etc.-, que la protagonista se encarga de despejar. Se trata de la maldad como intrínseca a “la naturaleza humana”, en donde las mujeres están incluidas. Y si somos rigurosos y seguimos las escansiones que el mismo Lars Von Trier nos propone, encontraremos que a partir de un momento el mal se nos da a ver como uno de los nombres que a lo largo de la historia de la humanidad se le ha dado al goce femenino. Tan extraño e incomprensible para los hombres como para ellas mismas, a diferencia que ellas los experimentan, o por lo menos algunas, y no es un goce ni parcial, ni localizado, ni contabilizable como el que responde al goce del órgano.

Esta mujer en algún momento lo describe, algo que las recorre el cuerpo y que las domina..., incluso la ablación que podría pensarse innecesaria, tiene su pertinencia por lo que ella nos dice después “esto tampoco sirve”, la mutilación no sirve para parar este goce que la “enloquece”. En las mujeres no se trata de un goce localizado, aunque las “técnicas sexuales”, las terapias focalizadas sobre este tema lo promuevan e incluso Freud incurrió en este error, como nos lo advierte Lacan, cuando trató de diferenciar dos goces en la mujer el clitoridiano y el vaginal, intento fallido de dar un nombre a este goce suplementario que no tiene órgano que lo sostenga. ¡Quizás, no sea muy bueno que esto se sepa pues entonces se puede correr el riesgo de volver a las hogueras! Momento en la película que Lars Von Trier no se ahorra, aunque por lo menos ella ahí ya está muerta...

Este hombre, que en la primera escena aparece en el “esplendor” de una erección, y luego padre dolorido cuando entierran a su hijo, se transforma en un ser frío y casi maquínico cuando pasa a ser el psicólogo conductista de su mujer y comienza con la aplicación sistemática de sus técnicas. Trier ha elegido esta transformación para decirnos algo.

Según avanza el “tratamiento”, podemos comprobar como él la desconoce, es incapaz de escucharla en su singularidad y prefiere abordarla como un caso “típico”. Ya antes de la pérdida del hijo, él no estaba allí. Incluso ahora su dedicación enmascara el sadismo explícito en la película cuando se trata de “curarla” de su mal. Y nos preguntamos ¿cuál es su mal?, que ella una y otra vez quiere decirle y que él con su semblante de “bienintencionado” corta permanentemente. Se trata de este goce que la arrastra, hasta el punto de “sacrificar” al hijo, y más tarde ir ella al sacrificio. Es muy interesante como por un momento el director nos hace creer que ella lo que pretende es matarle, pero no, ella lo podrá torturar para que no la abandone, le exigirá que haga algo para “encauzar” ese goce sin cauce, y comprobará una y otra vez que ni el coito ni la ablación terminarán con esto y solo encontrará la muerte como solución.

¿Hubiera sido, quizás, el amor una vía posible?. ¿Y por qué no el amor de transferencia que el psicoanálisis propone?.

Es cierto que Lars Von Trier, nos da un pequeño respiro, nos muestra que es una mujer que padece una psicosis desencadenada con la maternidad. Ha ido dando signos de ello, cuando calzaba a su hijo al revés infringiéndole un daño, cuando interpreta que el niño tenía la intención de alejarse de ella, cuando alucina en el bosque el llanto de su hijo, etc. Psicosis que el marido que se presenta tan experimentado como psicólogo no logra ni atisbar. Esta madre que, en un principio, parece bastante dedicada al hijo muestra esta otra faz. Pero, que decir de los “sueños extraños” que él comienza a tener, de sus alucinaciones que no son menos que las de ella. No nos servirá de coartada el diagnóstico, aunque en otro contexto pueda ser de mucha utilidad, pero aquí se trata más bien de la locura que les afecta a ambos y que le lleva a él a matarla y, después, quemarla en la hoguera. No hay nada nuevo en esto, ella considera eso que experimenta como el mal y él con su aparente promoción de lo cognitivo termina matándola.

Hay creo, varios avisos para navegantes.

A ellos, que parecen proclives a sintonizar con esta psicología “moderna” a la que no le interesan los sueños y que considera a Freud muerto; les muestra como el sueño de la razón engendra monstruos y que desconociendo y alejándose de este goce femenino y no pudiendo tratarlo con otros recursos, que no sea la promoción del órgano y la técnica psicológica, -pues no debe ser casual que ninguna de las escenas sexuales estén tocadas por la mano del dios Eros- termina en el callejón sin salida del asesinato, que puede ser real o metafórico.

A ellas, que pretenden creer que la maternidad es la “buena salida” de lo femenino y confunden lo femenino con lo maternal, Trier da a ver eso sí -en blanco y negro, a cámara lenta y envuelto en una maravillosa música, es decir envuelto por el velo de la belleza-, como ella es capaz de seguir gozando mientras su hijo cae por la ventana. Trier nos lo da a ver en el epílogo cuando ella, justamente antes de decidir su ablación, recuerda ese momento. Son dos imágenes que transcurren en milésimas de segundo y que el espectador podrá seguir ignorándolo si así lo decide.

Es evidente que no he leído todas las críticas que se han hecho de esta película, pero desde luego en ninguna de las que he leído he encontrado comentado o expresado este punto, ¡tan insoportable resulta!. No se trata de buenos y malos, locos y cuerdos, se trata de un real que seguirá insistiendo y que atraviesa todas las épocas. Un real que ni el más de los aforados capitalismos podrá domeñar con su psicología esbirra.

Trier nos muestra con su final que en lo esencial no hay nada novedoso con respecto a otras épocas. Este hombre se queda solo con sus propias alucinaciones y comiendo unas moras del bosque y en la escena final las mujeres pasan a su lado y en todas ellas está borrado lo irrepetible del rostro. Sin embargo, lo inédito es en sí la película y el tratamiento de este real sin promover ningún juicio maniqueo, ni proponer ningún sentido religioso, salvo enfrentarnos con los que anidan en nosotros mismos. Es como si Lars Von Trier nos dijera: ustedes pueden seguir en la ignorancia y el final de la historia será “la muerte del niño, la muerte de ella y esta salvación de la vida para él, vida que ha olvidado los motivos que la hacían digna de vivir”.

Os esperamos el viernes 16 en el Café ISADORA C/ Divino Pastor 14 a las 18  horas, para hablar de esta interesante película que no deja a nadie indiferente.


 

Mercedes de Francisco.

14 de octubre de 2009

 

1   Este señor al que se supone le interesa el cine, en su “crítica”, si es que su comentario permite ser nombrado así, varía cuestiones fundamentales: una, nos dice que el niño gatea cuando en realidad camina y esto es fundamental en la filmación de la escena presente en el prólogo y en el epílogo, clave para comprender la locura que se desencadena y la resolución de la película; y otra, referida al guión pues el marido no es psiquiatra , como nos dice Boyero, sino que es un representante avezado de la psicología “moderna”, es decir, de la psicología cognitivo-conductual que este hombre se dedica a aplicar a su esposa mostrándonos los visos torturantes que esta psicología transporta.

 

La clase

Por Olga Montón - 9 de Junio, 2009, 19:42, Categoría: Cine y Psicoanálisis

“LA CLASE” (Entre les murs)

Director: Laurent Cantet

Intérpretes: François Bégaudeau (François Marin), Vincent Caire, Olivier Dupeyron, Patrick Dureuil, Frédéric Faujas, Laura Baqueda, Juliette Demaille, Dalla Doucoure

 

François es un joven profesor de lengua francesa en un instituto difícil, situado en un barrio conflictivo. Sus alumnos tienen entre 14 y 15 años. No duda en enfrentarse a Esmeralda, a Souleymane, a Khoumba y a los demás en estimulantes batallas verbales, como si la lengua estuviera en juego. Pero el aprendizaje de la democracia puede implicar auténticos riesgos. François -autor de la novela en la que se basa la película, con formato de docudrama- y los demás profesores se preparan para enfrentarse a un nuevo curso.

 

La última película de Laurent Cantet, que ganó la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, es un cine mestizo entre el documentalismo social y la ficción hiperrealista. Es su cuarta entrega filmográfica tras “Recursos humanos” (1999), “El empleo del tiempo” (2001) y “Hacia el sur” (2005). Fue precisamente en una presentación radiofónica de esta película del 2005, que coincidió con F. Bégaudeau. Allí Cantet le comentó que quería rodar una película y que ya estaba escribiendo un guión sobre un instituto y lo que allí sucedía. F. Bégaudeau iba al mismo tiempo a presentar su libro “Entre les murs”. Con el entusiasmo del encuentro adaptaron el guión y eligieron este instituto, en las afueras del cinturón de París, entre otras cosas por la multiculturalidad del alumnado.

Renunciando al hilo narrativo convencional, el cineasta francés articula su excelente película en dos niveles: la cotidianeidad nada truculenta y menos melodramática de un aula cualquiera de un instituto de la periferia parisina que educa a franceses que no se sienten cómodos en su marginal identidad europea, y, a modo de interludios, las deliberaciones disciplinarias de un profesorado desbordado por la anarquía del nuevo modelo educativo. No hay juicios de valor, no hay sermones ni didactismos. Los diálogos entre profesor y alumnos, las pequeñas batallas y pulsos de poder obtienen proporciones épicas para sus protagonistas y, por ende, para el propio espectador, reflejando con fidelidad la lucha diaria que supone el mundo de la enseñanza ante una generación de adolescentes cada vez más rebelde ante cualquier tipo de autoridad.

La cinta de Cantet es de esas películas milagro en las que parece no pasar nada mientras pasan tantas cosas. Misteriosamente, las rutinas de pupitre que desfilan por sus imágenes gozan de un extraño poder hipnótico. Nada que ver con las pomposas y relamidas ficciones de aulas violentas que tanto se prodigan en el cine USA. Por el contrario os recomiendo “Alpha Dog” de Nick Cassavetes, reflejo de unos jóvenes ociosos e irresponsables, verdadera crónica de “una muerte anunciada” que nos hace preguntarnos ¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? Y no sorprende que sea un hecho real.

Tarea difícil la del profesorado. Desde la clínica y desde mi experiencia trabajando en talleres con profesores se confirma la dificultad de conciliar la falta de deseo de los alumnos y la falta de autoridad, con el deseo de transmitir. Podemos afirmar que la caída del Nombre del Padre, función limitadora del goce que describe Lacan, y la caída del deseo sobre los jóvenes, en relación con su futuro, junto con la falta de ideales sociales nos ha llevado a una falta de deseo por el saber con la que es muy difícil trabajar. Actualmente el discurso capitalista de ¡Consume! engaña al sujeto creyendo que con el objeto de consumo obtura el vacío de la existencia, apareciendo cada vez más sufrimiento, porque la compra de objetos es infinita. Realmente es duro este trabajo hoy en día, con tan poco reconocimiento social y de los padres.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, para que la letra que se enseña no sea una letra muerta, el profesor tiene que poner en juego su deseo. Una enseñanza verdadera es cuando el que enseña trasmite que está causado por aquello que enseña, causado por lo que está diciendo. ¿Cómo hacer que los profesores sostengan su deseo frente a la caída social del deseo por el saber? ¿Cómo hacer que los padres se orienten frente al deseo? ¿Cómo han pasado los jóvenes del interés y la motivación por aprender a una oposición y un rechazo radical del saber? El primer paso es facilitar al sujeto, profesor, padre o alumno, la posibilidad de que sea él mismo quien pueda hacerse la pregunta ¿Por qué me está pasando esto? Desplegar preguntas puede llevarlo a una verdad que le implica, de la que tendrá que hacerse responsable, encontrando su propia manera de hacer con eso, su solución.

Querid@s tertulian@s hay muchas preguntas por hacer. Espero que nuestro próximo encuentro sea tan enriquecedor como siempre.

Os esperamos el próximo viernes 17, a las 18 h. en el café “Isadora”, C/ Divino Pastor 14.

Un saludo

Olga Montón

 

 

 

 

My Blueberry Nights. Wong Kar Wai

Por Mercedes de Francisco - 9 de Junio, 2009, 19:33, Categoría: Cine y Psicoanálisis

My Blueberry Nights. Wong Kar Wai

 

Ayer vi,  My Blueberry Nights de Wong Kar Wai, y me gustaría recomendar esta “sencilla” película. Es una película sobre el amor y el desamor que transcurre en Estados Unidos. Este director se mantiene fiel a sí mismo cuando combina de forma casi mágica los movimientos de los actores con la música y los colores. No podremos olvidarnos en sus otras películas del contorneo de la mujer que sube las escaleras, de la cacerola de los espaguetis y de los boleros que nos podrían parecer inapropiados para el paisaje urbano que muestra. Es un hacedor de películas de amor.

 

La barra de un bar es un elemento decisivo en torno al que se desarrolla este film, otro, las llaves…llaves dejadas por unos para otros, llaves no recogidas por nadie, casi como cartas “en soufrance”, “en espera” para llegar a su destino. Con estos dos elementos, y un hombre y una mujer se desarrolla una película que termina como comienza. Pero para que este cierre se produzca, tienen ambos que transitar un cierto tramo del camino a solas, tienen que darse tiempo. Tienen que desterrar la prisa.

 

Ella se tiene que curar del desamor que la ha dejado maltrecha, él de la espera equivocada. Ella emprende un camino por el interior de Estados Unidos y trabajando de camarera en turno doble para aturdirse, comienza a interesarse por esos hombres y mujeres aquejados por el desamor. Un hombre que no deja ir a su mujer aunque llevan tiempo separados, una hija que no puede amar por un amor siempre frustrado con su padre, la permiten a ella tomar el camino de vuelta. A través de las cartas que le envía a él a su café, irá encontrando la manera de cruzar una calle, cruzar un umbral que parece tan difícil. Este “miedo” Wong Kar Wai nos lo hace sentir cuando de vez en cuando vemos pasar el metro vertiginosamente por encima de un puente. Del vértigo con el que comienza la película cuando él contesta al teléfono, a la cámara lenta cuando ellos dos se encuentran.

 

Un comentario escuchado al pasar al salir del cine sobre la película: “la vida real no es así” me hizo comprender mejor la fuerza de este relato. En esta frase “la vida real no es así”, este real no es el imposible del que hablamos los lacanianos, este real es la realidad que vamos conformando con nuestros fantasmas y miedos para alejarnos de lo imposible y por tanto de lo que podemos hacer posible. “La vida real no es así” que parece una frase muy realista es en realidad lo que nos aleja de lo real, de lo imposible, para sumirnos en la impotencia de la realidad fantasmática.

 

Wong Kar Wai muestra, al menos dos formas de lo real, la muerte y el amor; y él decididamente elige una, ¿por qué esta sería menos real que la otra? A este comentario de “la vida real no es así”, le siguió otro algo jocoso de una mujer, “sí claro, la vida real no es así porque nosotros no nos movemos a cámara lenta”, o quizás sí, a veces nos movemos a cámara lenta y logramos eternizar un instante.

 

Mercedes de Francisco

 

 

Mi hijo

Por Olga Montón - 9 de Junio, 2009, 19:00, Categoría: Cine y Psicoanálisis

Mi hijo”

Dirigida por Martial Fougeron

“Mi Hijo” viene avalada por el éxito cosechado en el pasado Festival de Cine de San Sebastián, donde se llevó la Concha de Oro a la mejor película y la de Plata a la mejor actriz para Nathalie Baye conocida por películas como "Una relación privada", "La flor del mal" o la hollywoodiense "Atrápame si puedes". Entre los secundarios, Olivier Gourmet (“El niño”) y Emmanuelle Riva (“La vida”) y el joven Victor Sévaux, que debuta en la gran pantalla.

El cineasta francés Martial Fougeron no es muy conocido en nuestro país, pero las buenas críticas que ha recibido por la dirección y guión de esta película le han dado a conocer en Europa. Su intención era reflejar una historia de amor extremo con una madre acaparadora.

Ya el título original (Mon fils à moi) nos adelanta lo que nos espera. En una pequeña ciudad vive una familia burguesa. El padre es catedrático, intelectual y ausente, la madre es ama de casa, muy patológica, la hermana es universitaria y componen la familia que acompaña a este joven adolescente, Julien. Sin embargo, esta aparente normalidad esconde un oscuro secreto, el padre avala con su silencio los excesos de amor de su esposa y el control hacia su hijo.

Así, el joven Julien pasa su adolescencia intentando combatir la opresión protectora y buscando desesperadamente una salida. De esta manera, comienza a salir con una chica de su edad y desea pasar tiempo con ella, de lo que se hace cómplice su abuela materna. Con la que su madre no se habla.

Durante la proyección se produjo una reacción catártica y extrañamente emotiva por parte del público. Reacción que se produjo en todas las sesiones, de todos los colegas y amigos que la vieron. Aplausos, vítores y gritos emanaron del patio de butacas después de que Olivier Gourmet le girara la cara de un sopapo a Nathalie Baye, cuyo personaje se dedica a masacrar a su hijo menor a base de golpes, reproches, represión y muchos celos, porque es incapaz de aceptar que el chaval crezca y se aleje de ella. El infierno está lleno de buenos sentimientos, decía el proverbio chino. Nosotros también tenemos nuestro refranero: “amores que matan” y “la mate porque era mía” serían buenos compañeros de “Mi hijo”.

En Psicoanálisis hay un concepto fundamental, la castración. Es una operación que concierne tanto a hombres como a mujeres, a todos los seres hablantes, el lenguaje es el que introduce esta operación. El síntoma sería un modo de respuesta del sujeto ante la problemática de la castración. El falo es un objeto que resulta de la operación de la castración, no es el pene, no es el órgano real, es un objeto imaginario que se deduce, en el caso de la sexualidad femenina, a partir de la subjetivación de una falta simbólica. Con ese objeto la mujer tiene una relación fundamental. El lugar que va a ocupar el niño en la subjetividad de la madre es el de ser deseado en el lugar de ese objeto que ella no tiene. Una madre cuando recibe al niño lo recibe en el lugar del objeto deseado que sustituye al falo, adquiere el valor simbólico del objeto imaginario que satisfaría la frustración de la que en su día fue niña. Relación triangular (madre, niño, falo).

En un primer momento el niño juega a satisfacer a la madre presentándose como aquel objeto que la pude colmar. Es un momento necesario en la etapa de todo niño, lo importante es que el niño no se quede detenido allí. El hijo juega un juego imaginario, engañoso, en el que se propone como objeto maravilloso que satisface a la madre. Esto lo podemos comprobar en las escenas de baile del inicio de la película. Lo importante es que el niño subjetive en algún momento que la madre desea algo más allá de él, que el deseo de la madre es un deseo de otra cosa y que la madre no satisface todos sus deseos en su relación con el niño. Pero para el niño, qué desea la madre (Deseo de la Madre) más allá de él, es una incógnita. Este D.M. articula, mas allá de la madre, todo el orden simbólico, es un operador lógico que hace valer todo el orden del lenguaje. Es un deseo que no está regulado, que tiene aspecto de capricho en la medida que la presencia y la ausencia de la madre dependen del querer de ella. Para todo niño, la dificultad consiste en no quedar prisionero, atrapado, del Deseo de la Madre, en el lugar del falo que a ella le falta. Ser el falo de la madre quiere decir proponerse él a nivel del ser, proponerse en el ser como objeto sustituto que va a colmar las frustraciones de la madre; es una posición imposible y altamente culpabilizante, en la medida que ningún sujeto puede colmar absolutamente las frustraciones de una madre.

Es necesario que haya algo que estabilice las significaciones, que van a articular una serie de respuestas con respecto al deseo de la madre. El principio estabilizador de esta articulación es otro significante,  y que lo hace caer  en el rango de un significante reprimido, de un significante sustituido, y ese es el significante que Lacan llama El Nombre del Padre (N.P.) En este caso vemos como el padre del protagonista es un padre carente a nivel de la función del padre. ¿Y cual es esa función? Pues ser el “partenaire” de la madre. Este padre falla como presencia real, como presencia de hombre junto a su mujer y no hace valer, por intermedio de su deseo, como hombre, a la madre como mujer. Es el hombre por intermedio del deseo, el que hace valer en la madre que ella es una mujer y que introduce el paso de una madre insatisfecha a una mujer deseante y esto es lo que permite al niño una salida.

No es el caso de nuestros personajes. El protagonista intenta su separación, pero la madre se revuelve. Esta madre patológica no va a dejar escapar su objeto de amor. Antes le mata que dejarlo ir. No sabemos que será del futuro, pero es aparentemente incierto. Julien, solo, sentado en la escalera, sin hablar. Al estar ausente la nominación paterna, queda atrapado, "enredado", a la manera de un signo para la madre. Recordemos a Lacan cuando dijo: "Es preciso hacer comprender que en esta relación él es el objeto, a fin de cuentas, y por lo mismo que se busca como objeto se ha perdido como sujeto". ¿Podrá Julien hacer una elección distinta y salir de las fauces de su madre? ¿Podrá como sujeto tomar las riendas de su destino? ¿Podrá denunciar y pedir ayuda?

 

Olga Montón

Mas extraño que la ficción

Por Olga Montón - 9 de Junio, 2009, 18:15, Categoría: Cine y Psicoanálisis

“MAS EXTRAÑO QUE LA FICCIÓN”

Por Olga Montón.

Tertulia de Cine y Psicoanálisis “El Séptimo”

Viernes 16, 18 h.

Rest. OKRA

Sinopsis

Después de diez años de trabajo, la novelista Karen Eiffel (Emma Thompson) está a punto terminar lo que puede ser su mejor libro. El último desafío es pensar como matar a su personaje principal Harold Crack (Will Ferrell). Lo que no sabe es que Harold está vivo en la vida real, y de repente, es consciente de sus palabras.

Comentario

“Mas extraño que la ficción” nos trae una comedia que se asoma todo el rato al precipicio de lo verdaderamente trágico: estar muerto en vida.

El director Marc Foster, junto con su guionista Zach Helm, nos interrogan, jugando con el personaje, sobre si cada uno de nosotros decidimos que nuestra vida sea una comedia o una tragedia. Es el mensaje principal que nos quiere transmitir: que solo cada sujeto puede decidir que vida quiere tener.

Si tomamos literalmente el guión tenemos que interpretar que se nos dice que nuestro destino está escrito por otro, con fecha de caducidad incluida. Pero si tomamos al personaje de la escritora Karen Eiffel en sentido metafórico la lectura cambia totalmente.

Karen representaría la apertura a la contingencia, a que precisamente las cosas no están escritas, a que nos van a pasar cosas impredecibles, ilógicas, sorpresivas, etc. Lo único que es seguro es que todos vamos a morir, tal como hace el guiño de que todas sus novelas acaban con la muerte del héroe.

Todos moriremos héroes si hemos sido capaces de vivir nuestra vida.

El personaje de Harold no tiene desperdicio y nos ilustra en forma de caricatura, la posición en la vida de un neurótico obsesivo. Una persona que parece muerto en vida, que ante la carencia de respuesta a las cuestiones últimas sobre el sexo y la existencia toma una “solución” de aislamiento.

En el primer tramo de la película, Foster nos dibuja el estilo de vida de ese obsesivo sometido a la ferocidad de sus síntomas: 70 veces cepillarse los dientes en tal dirección, la dictadura del reloj, no pisar fuera de la raya y un sinfín de rituales. Nos lo pone cómico sin dejarnos ver el sufrimiento que normalmente acompaña a estos síntomas.

Harold se dibuja en esa posición de “NO ESTOY PARA NADIE”. Es alguien que se protege de la posible emergencia del deseo, porque lo cierto es que el deseo lo angustia. La tensión entre EROS Y TANATOS, entre orientarse por el deseo o mortificarse en la “jaula de su aislamiento” rompe en la película por el lado de la DULCE CHICA y el ASUMIR LA MUERTE.

La chica, Maggie Gyllenhaal,  una mujer orientada por su deseo, que dejó Derecho en Harvard por hacer pasteles, por dar amor, por lo que le gusta de verdad. Una mujer que cuando viene el Super-yo feroz en forma de Inspector de Hacienda, le deja claro que no tiene miedo, que ha dejado de pagar una parte por su “no a la guerra”, que no se traga el mal rollo de la inspección, que sigue dando de comer a los pobres.

Todo cambia cuando la voz le concreta que se va a morir. Aceptar que va a morir le permite salir a la vida y movilizar el deseo. Aquí reside el mensaje Universal: ACEPTAR LA MUERTE PARA PODER VIVIR. Vivir es una decisión que tomamos a diario.

Entonces aparece la figura del personaje representado por Dustin Hoffman que le indica esa verdad: ACEPTALO TE VAS A MORIR. Vivir implica estar disponible a las contingencias, abrirse al otro.

La posición obsesiva favorecida por una madre sobreprotectora que aísla al hijo de la realidad de la muerte, viene a desmoronarse cuando Emma Thompson, figura de madre imaginaria, le confirma que se va a morir. Will  Ferrell acude al saber del profesor, figura paterna, quien se lo confirma.

A partir de aquí cambia de posición como sujeto y entra en el circuito del deseo: guitarra, aceptar que le rompen la casa, poder vivir con el amigo, aceptar el amor de la chica en forma de galletas, asumir ser deseado por la chica y desearla, …. Todo hasta preferir morir en lugar de vivir para que no pase nada.

Este trabajo de elaboración y cambio de posición subjetiva mata al hombre gris ritualizado y permite el nacimiento de un nuevo sujeto del deseo.

Olga Montón

9 Febrero 2007

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