Julio del 2014

Cronica 99ª

Por Marta Mora - 9 de Julio, 2014, 12:28, Categoría: CRÓNICAS

Crónica nº 99
Los ojos amarillos de los cocodrilos.
Directora: Cécile Telerman

Por Marta Mora

Coordinó esta tertulia nuestra colega Olga Montón. Retomó lo dicho sobre las dos hermanas, Josephine e Iris, en el anuncio de la película por e-mail. Josephine, caída, sintiéndose incapaz de ser deseable para un hombre, que se traga todas las mentiras del entorno, siempre clandestina y la otra, apropiadora del trabajo y los éxitos de otros, la elegida por la madre, que vive en la mentira, superficial, convencida de que el otro también miente.

También señaló que el psicoanálisis lacaniano no es determinista. Las marcas están pero uno es responsable, sin saberlo, del lugar que ocupa en la familia y en la vida y que es posible hacer otra cosa con eso.  Josephine  dejada caer por la madre, asume el “no valgo nada” como su posición subjetiva.

Lo primero que se planteó es el papel de “negro” que acepta Josephine, a uno lo sedujo este tema aunque sea el negro de la hermana.

Haciendo psicoanálisis de ficción, alguien dijo que el amor podría sacarla de su posición de clandestina.

Unos opinaron que el destino cambia la vida de estas hermanas, a la glamorosa se le rompe la vida, se le tuerce todo. Sin embargo a Josephine el marido la deja pero se la ve al final con más brillo. En los encuentros algo cambia, sostuvo alguien.

A otro no le gustó ni la estructura ni la narración, a los cinco minutos le parecía un cómic, puros estereotipos. Película de relaciones familiares. Asoció al verla con “Al este del Edén” de Elia Kazan aunque comparar es absurdo… Le pareció que era una versión más del mito de Caín y Abel, el bien y el mal.

Otro vio varios fallos del guión, por ejemplo el truco de los gemelos, es un recurso conocido y manido. El marido le pareció un vago y muy cobarde, pensó que Josephine necesita un psicoanálisis pues no hay cambios pues no denuncia al marido que le falsifica la firma y la deja endeudada, tampoco cambia con la hija que la engaña, solo parece decidida a no ceder en aprovecharse económicamente de la madre rica. Los personajes le parecieron ladrones de sentimientos y manipuladores. Y se preguntö ¿cual es la naturaleza de una madre que ante una hija como esa, puede decirle que la quiere?

A lo que alguien respondió, que tire la primera piedra aquel que en la adolescencia no se ha enfrentado a sus padres. La adolescencia es un etapa, dolorosa, pero una etapa, antes esa hija fue otra cosa. El varón tiene que denostar a la madre para poder elegir una mujer y la hija denostar a la madre para intentar elegir que mujer será.

Otro dijo que nos quieren hacer creer que hay justicia terrenal, un poco artificial. Sobre el plagio y lo del negro, como Cyrano de Bergerac, una cosa es escribir y otra venderlo.

Las mujeres aparecen como extraviadas y los hombres menos. Josephine es salvada por su padre en la infancia, en la playa, aunque él no sabe nadar, va dirigiéndola para que se acerque a la orilla. En esa misma escena, la madre elige para que viva a Iris, ya fuera del agua ni siquiera hace el intento de volver a buscar a Josephine. El padre la quiere mucho, se va salvando a si misma en la vida como en esa escena. Ella es invisible para esa madre, objeto de goce para los demás y para ella misma. Sí cree que cambia, pone límite a su hija, a la hermana, a la madre, no sabe adonde va pero el desear amar la estimula.

Alguien comentó que no le gustó, tanto le disgustó que se sintió mal, le dio vergüenza ajena, le pareció todo de cartón piedra. Cuestión de repetición, la escena de la foto,  Josephine se tapa la cara, se hace invisible. Cuando mira las estrellas con el padre, que le señala: tu eres la más pequeña que sostiene todo. La que casi no se ve…

Otro marcó la repetición como el punto de goce de Josephine, ser la invisible, no tiene autoestima.

Otro salvó a  Josephine viendo en el acto de decir no a la propuesta de la hija, que le dice que lo haga bien para que la abuela les dé dinero. Ahí pone un límite.

Josephine tiene algo, un saber hacer, la otra no tiene nada, más bien tiene un plagio en su haber. Iris pierde el norte, efectivamente es una repetición.  Josephine saldría gracias al amor por el chico de la biblioteca, que le gusta.

No se estuvo de acuerdo con el tema de Caín y Abel, no es una cuestión de buenos y malos, es el reflejo de una familia en descomposición, falta de autenticidad en esa familia. Asoció con “Celebración”, todo en descomposición.

Otro comentó que la película en sí no era una maravilla. Coincidió con lo dicho hasta ahora en el punto de las dos hermanas. La mala es horriblemente mala con ella misma por horror a esa verdad. Señaló la diferencia entre la autoestima y el amor propio. En el amor propio hay algo ético, el “por ahí no paso”. No necesitaba el libro por el dinero, le iba bien con su oficio de escribir, tenía el libro, una traducción y la escritura de una biografía. El cuñado tenía recursos para ayudarla y podría haber escrito SU libro pero se somete en posición de esclavo, “el negro” de los libros. Hay un punto de amor propio cuando escribe, en el que puede ser ella misma pero es clandestina. La de Iris, es otra situación dramática, ella si tiene mucha autoestima, que es puro narcisismo, narcisismo tanático, cuanto más para no hacerse cargo del vacío propio de cada uno.

Apuntando al personaje del  cuñado, a alguien le recordó “Los que fracasan al triunfar”, artículo de Freud, lo deja todo porque no es feliz. Es verdad que es como un cómic pero no de Caín y Abel. Sobre las hermanas, son dos caras de lo mismo, la una con la otra como en espejo, una invisible y la otra exhibicionista.

Hubo a quien no le gustó porque no le cuadraban los personajes. Se quedó con lo del cómic, Josephine es un ser invisible y que no sabe lo que vale, es su hija la que revelando que es ella la verdadera escritora, le permite vislumbrar que hay un brillo para ella. Todo gira, a los malos les va bien y a los buenos mal. Josephine no cambia, esto está por ver. La escena final con la hija, podría indicar que ha habido un cambio que la lleva por la vida a otro lugar pero… es inquietante su expresión allí, su hija habla como Iris...

Terminada la tertulia, festejamos el final de esta etapa con unos exquisitos canapés ofrecidos por el Café Isadora, testimonio de la cálida acogida de sus dueños y el buen clima con el que se desarrollan nuestros debates.

Hasta septiembre y ¡¡felices vacaciones!!

Marta Mora

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