Octubre del 2013

Crónica 92

Por José Antonio Pérez - 27 de Octubre, 2013, 21:16, Categoría: CRÓNICAS

CRÓNICA 92ª

 

Por José Antonio Pérez

 

Como es habitual, el debate fue muy participativo y enriquecedor. Las opiniones se dividieron entre los que consideraron la película buena y los que la consideraron extraordinaria, siendo éstos últimos mayoría.

 

Hubo un consenso unánime en la excelencia de la música, ya fuera protagonista de la película o de acompañamiento, así como de las interpretaciones dramáticas sincronizadas, como en el cuarteto de cuerdas, para conseguir un objetivo común, destacándose la de Philip Seymour Hoffman, llena de matices y sin fisuras, y casi a su misma altura, la de Christopher Walken, en un papel al que no nos tiene acostumbrados y en el que ha dado lo mejor de sí mismo para transmitirnos la angustia que se siente cuando de improviso se empiezan a experimentar las sensaciones que anuncian la decrepitud, proceso que sobrelleva, por cierto, en su actuación, con una gran dignidad. En su caso, además, ve amenazado su futuro profesional que le exige ser atleta de las manos, pues su enfermedad, seguramente, le impedirá seguir interpretando.

 

Mención aparte mereció la consideración del título en castellano El último concierto, traducción muy pobre se dijo del original: A Late Quartet, que se podría entender con cierto lirismo como Un cuarteto crepuscular,  que constituiría un juego de palabras ya que podría aludir al momento de su vida en que Beethoven compuso la obra musical, objeto de la película, y a la situación del cuarteto que la interpreta.

 

La película se analizó con diferentes prismas: dramático, psicológico, ideológico, musical y cabalístico. Este último se trata en nota aparte, para no restar fluidez a la narración del debate.

 

Se consideró que el guión no decae en ningún momento, no nos tiene en vilo, pero no aburre, aunque hubo quien dijo que cuando la película abandonaba su homenaje a la música en general y a Beethoven en particular, decaía, ya que la liviandad de su trama la distanciaba de su magia y razón de ser. A la película la sostiene más la música que la trama.

 

El argumento, en el que ocupa, como se ha dicho, un lugar estelar la música, y dentro de ella, la interpretación de la pieza de  Beethoven, Cuarteto de cuerdas nº14 en do sostenido menor, opus 131, establece un  paralelismo entre los ensayos musicales y las peripecias personales de los músicos, lo que permite entender al Director, Yaron Zilberman, cuando decía que para hacer esta película tuvo como referencia inicial el proceso de desestructuración de una familia. Al igual que como músicos, los intérpretes tienen que lograr un todo armónico, como personas deben buscar la armonía que les permita convivir y actuar compenetrados.

 

El fondo dramático que tiene como referencia la pieza de Beethoven escogida no interpretada en público en vida suya y escrita dos años antes de su muerte, por lo que refleja toda la intensidad emocional de su mundo de entonces cuando ya estaba completamente sordo, limitación que recuerda la de Robert cuando se sabe enfermo de Parkinson, se adecúa a las tensiones que se desatan entre sus intérpretes, con un final abierto en el que no se sabe lo que ocurrirá. La Fuga musical, que, oportunamente, da nombre al cuarteto, está en el final de la película. Alguien apuntó a que la lisis como destrucción celular es necesaria para la regeneración, con la aparición de células nuevas. Esto ocurre con la música que es un proceso de recreación constante y con las relaciones personales que precisan del conflicto y de su superación para robustecerse bajo nuevos parámetros, con lo que asistiríamos a un proceso en el que la fluencia del arte de los protagonistas, como última etapa creativa vendría precedida por las etapas de adaptación, sincronización y deconstrucción/construcción.

No todos los contertulios opinaron lo mismo, ya que se señaló que las desavenencias, que se evidencian en un momento dado entre los componentes del cuarteto, habían estado reprimidas durante un cuarto siglo hasta que estallan. También se consideró por parte de un interviniente, que la película, fuera de su excelente recreación musical, era simple y lenta y que un grupo musical no funciona si la relación entre sus componentes no es buena. Alguien le refutó con ejemplos de parejas artísticas que, llevándose muy mal, eran capaces de actuar juntos, a lo que respondió que cuando se está en un grupo no es para disfrutar sino para sacar producto, pero que la buena relación es condición necesaria para el resultado artístico.

 

Otra participante trajo a colación el síntoma, que fue retomado en otras intervenciones. Se habló del síntoma que constituye al grupo, que, en su vertiente positiva, permite llegar al acuerdo para evitar males mayores. El síntoma sería el amor a la música de una familia con su propia novela familiar. Cuando una de las piezas del entramado interpretativo y familiar se derrumba, la armonía se destruye momentáneamente y el cuarteto parece amenazado, pero el plano profesional acabará trascendiendo a los otros planos. Los protagonistas se sacrifican por una idea. La hija, Alexandra, renuncia a una relación sentimental. Otro tanto puede pasar con la ruptura matrimonial entre Juliette y Robert. Cada miembro del grupo musical tiene en la vida un cometido similar en el cuarteto: El primer violín, Daniel, es la estrella; el violonchelista, es el hombre sabio, el que lidera; la viola, Juliette, aporta matices emotivos y románticos y el segundo violín, Robert, es el que amalgama a los otros tres, lo que le obliga a renunciar a un mayor protagonismo interpretativo. El cuarteto se mantiene porque cada uno de sus integrantes cede algo de su goce. Como dijo otro interviniente, el cada vez más acentuado individualismo que se va afianzando a través de la Historia hace que no obtengamos el reconocimiento al que aspiramos y las relaciones interpersonales se tiñan con un componente de violencia larvada o explícita que dificulta la consecución de la obra en común.

 

Hubo quien vio a la película como una partitura a la que se ajustarían las distintas escenas que responderían a los diferentes movimientos de la pieza musical. Puso como antecedentes a Cortázar y a Amenábar. Zilberman le da la razón pues como dijo en unas declaraciones que alguien leyó: Tomé los tres primeros movimientos (Adagio, y dos Allegros) como primer acto. Me serví de las variaciones (Andante y Presto) como segundo acto, y utilicé, por último, los dos últimos movimientos (Adagio y Allegro), de una gran violencia musical, para el clímax de la película.

 

Se habló de que el poema de Elliot, que se lee en la película, aporta claves para entenderla, ya que incluye una reflexión temporal: el pasado está siempre en el presente. Somos lo que hemos vivido y hemos vivido, además de lo forzoso, lo que hemos decidido. En frase de Pau Casals: "La música es un millón de noes y sólo un sí". La vida, también. Hablando de Casals, se consideró muy ilustrativa la anécdota –verídica– que se cuenta sobre él, cuando se le reprocha su insinceridad por haber alabado una interpretación deficiente, y Casals reivindica, entonces, la singularidad que es mucha veces un indicio de la genialidad al recordar el inusual movimiento del arco sobre el violoncelo. "Sólo un estúpido subrayaría el error, lo que cuenta es la originalidad interpretativa". Todo un aplauso a la creatividad.

 

Hubo quien consideró que la película podía tener un mensaje ideológico conservador una sutil carga moralista, que se pondría de manifiesto en la condena del adulterio "¿Cómo has podido hacer eso?", le dice Daniel a Robert cuando conoce su infidelidad, en la claudicación de la hija, Alexandra, en su rebeldía, y en la apoteosis del éxito en su formulación más afín al capitalismo. Hasta en el momento final, cuando Peter tiene que abandonar, pues la torpeza manual a la que le ha llevado el  Parkinson le impide seguir a sus compañeros de cuarteto en su interpretación, se alcanza el éxito, ya que Peter recibe un aplauso generalizado. Se supone que el concierto inacabado con el que acaba la película cosechará también un gran éxito, por el que se orillan todos los conflictos de los músicos que la película ha hecho aflorar y que no se resuelven en ella. Nada impide que la nueva etapa que se abre con la marcha de Robert sea, también, una etapa de éxito pues, como enseñan las más prestigiosas escuelas de negocio, se ha hecho una impecable transmisión de poderes en la empresa.

 

Se inicia pues una nueva etapa del cuarteto, en la que sus componentes aceptan la renovación el rapado de la barba de Robert es una metáfora de ella y cierran las partituras para dar más emoción a sus interpretaciones. Como se recordó, no en vano "tocar de memoria" se dice en inglés "play by heart" y en francés "jouer par coeur": tocar con el corazón.

 

 

P.D. Algunas curiosidades sobre la película que se dijeron en el debate:

 

1 ) Zilberman ha dirigido ésta su primera película de ficción a los 42 años.

 

2 ) Se pasó un año preparando esta película con los actores.

 

3 ) Salvo Mark Ivanir (Daniel) ninguno había tocado antes un instrumento de cuerda. Cada uno tuvo un preparador que le orientó acerca  su interpretación musical en la película.

 

4 ) La violonchelista que sustituye a Peter, es la del cuarteto Brentano String Quartet, que interpreta en la realidad la composición de Beethoven.

 

5 ) La fórmula (4+1 ) el cuarteto de cuerdas más el solista cantante  está presente en la película, musicalmente gracias a la esposa de Robert, cuya voz se debe nada menos que a la gran mezzo-soprano, Anne Sofie von Otter  y, en el grupo, de forma menos evidente, gracias a la hija, Alexandra. 

Crónica 91

Por Marta Mora - 27 de Octubre, 2013, 21:09, Categoría: CRÓNICAS

 

 

Crónica  91

La mejor Oferta.

Director: Giusepe Tornattore.

Por Marta Mora

 

En el reencuentro después de las vacaciones, coordinó la tertulia Olga Montón, agradeciendo a quienes nos reciben en el Café Isadora y a sus propietarios.

Olga mencionó las cuatro pulsiones nombradas por Freud: oral, anal, genital y fálica; para tomar las agregadas por Lacan, la invocante (relacionada con el objeto voz) y la escópica (relacionada con el objeto mirada), que son los ganchos con los que atraen a Virgil Oldman a la trampa.

Los dos juegan como en espejo, él se esconde del mundo y ella se esconde de él. Para hacer pasar la mentira, van dejando “miguitas” como las piezas del autómata, un misterio por descubrir. La posición de Clarie  sustrayéndose a la mirada de Virgil provoca el predominio de la voz y a él le desespera. Cuando al fin ella se deja ver le dice: “tienes la cara pálida como un grabado de Durero, con la mirada de una criatura aterrada por el universo, puedo ver mi propio temor en tus ojos”.

A pesar del engaño Olga planteó que algo del amor se jugó, pues permitió a Virgil hacer otra cosa con su vida. El final nos muestra a un Virgil distinto, esperando en un café el encuentro contingente con una mujer.

Posteriormente Olga dio la palabra a la sala donde la película fue objeto de comentarios elogiosos, se agradeció la elección, exquisita, buen guión, final desconcertante. Alguno discrepó tildándola de previsible y muy tramposa.

Alguien se sorprendió por el rechazo de la trampa o el engaño pues el cine es ficción.

Se resaltó que Virgil, que ama la regularidad, lo calculado, lo sin falta, dijera en un momento que lo que más le atrae es la contradicción, refiriéndose al trozo de engranaje en el que advierte que está herrumbrado por arriba y no por abajo como indicaría la lógica. Lo atrapa lo que no anda. Pero su fascinación por la perfección queda eclipsada por el plan para robarle. ¿Es esto o el amor lo que hace que no denuncie? Disfrutaba del placer de tener, a partir del engaño ama lo que le falta, no es un mal final.

Surgieron varios comentarios sobre el final donde se lo ve solo y desolado. Sucedió algo curioso con el final, los más interpretaron que él va a ese restaurante porque ella mencionó que allí fue feliz antes de la muerte en accidente de su novio, esperando en algún momento reencontrarla, va porque ella le dijo:” si algo pasa recuerda que te quiero”…concluyendo que pone el amor por encima del valor de su colección de mujeres. Entonces alguien mostró que fuimos engañados, no por el director, si no por nosotros mismos. No habíamos registrado en ese final una serie de escenas intercaladas…donde se ve a Virgil en una institución, sometido a una extraña terapia, en una rueda que recuerda el estudio de Da Vinci sobre las proporciones del cuerpo humano. Cada uno aprehendió según lo que deseaba o creía.

Fue muy cuestionada “la solución” de la agorafobia de Claire, al ver a Virgil apaleado, sale de la casa sin más, ¡alguien enferma no saldría así! Parece que la trampa y la mentira nos atrapó a casi todos…pues alguien señalo que ella fingía, que no estaba enferma, que su encierro era premeditado para atraer a Virgil. Hubo quien vio en esa escena el temor de Claire por si sus cómplices se hubieran extralimitado y se hundiera el plan.

Los que se dejaron engañar y les pareció muy buena cinematográficamente, vieron dos películas, una en la que se despliega la historia y otra cuando se produce el giro engañador/engañado, la tomaron como una película sobre la mentira y los llevó a mencionar las mentiras históricas, las mentiras de la época, las mentiras de la humanidad, los judíos que iban engañados a los campos de concentración y el engaño se adecuaba a cada sector, si eran pobres les decían que vivirían mejor, más cómodos y a los ricos, que tendrían allí una propiedad. La mentira tiene relación con lo que cada uno cree y le satisface en la vida. Se hizo la comparación con lo que hoy son “story telling”, el cuento que nos venden y que muchos compran.

El personaje que interpreta Donald Shuterland fue muy elogiado, Virgil recibe de él su propia medicina y allí varió la visión de la historia y apareció la venganza como motor de la historia. Cuando Virgil se jubila y se lleva el cuadro que le deja el amigo en su bunker…descubre el engaño. La nota del regalo dice: “para que veas el gran pintor que podría haber sido si hubieras creído en mi”.

Alguien apuntó que enamorarse es construir algo mentiroso. Más allá del valor de la colección de mujeres que lo miran desde los cuadros, él busca “La mujer”, ésa que Lacan advirtió que no existe, existen una por una. A partir de lo que ha evitado toda su vida, el encuentro con una mujer de carne y hueso, abordará otra existencia. ¿Y si un analizante miente? Es que está diciendo su verdad.

La mentira también dio para que apareciera la frase que le dice Donald Shuterland cuando habla sobre las falsificaciones, Virgil es un experto en el arte original: “siempre hay algo autentico en toda falsificación”.

Alguien señalo que habría que diferenciar entre verdad y verosímil, vio la peli como un puzzle perfecto pero tramposo, aclarando que prefiere un puzzle menos perfecto y menos tramposo.

Otro comentó que en la obra de arte hay algo que escapa al autor, la obra de arte es un artificio que esconde un vacio. La primera parte de la película, vemos la pantalla que esconde la verdad, la segunda parte, los objetos que están, dejan de representar lo que representan, ahí la película nos mira a nosotros. Él, en el vacio de su bunker vacio, sin los cuadros, el vacio que intentaba vestir ese hombre. La obra de arte cubre un vacio, lo que da para pensar que la película habla de esto.

Alguien trajo entonces la frase de Borges: “el hecho estético es la promesa de una revelación que nunca se produce”.

Me quedé mucho tiempo sorprendida por este malestar que surgió en la tertulia acerca de la mentira. Al fin y al cabo somos aficionados a un género que se basa en la trampa y el cartón, ¡el cine es ficción! “La mejor oferta” nos muestra la mentira y el expolio, el amor como tramposo y los efectos dolorosos del engaño. ¿Tendrá algo que ver con aquella decepción infantil sobre los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez y Papá Noel? O ¿con la metáfora de la época en que vivimos?

Con algunos deseos de intervenir interrumpidos, dimos por finalizada esta concurrida tertulia.

 

 

El último concierto

Por Marta Mora - 16 de Octubre, 2013, 10:13, Categoría: Comentarios_12 Temporada

El último concierto

Director y guionista: Yaron Zilberman 

Por Marta Mora

En su primer largometraje, Zilberman elige una de las pie­zas más intere­san­tes de Lud­wig van Beet­ho­ven, el Cuar­teto de Cuerda n.14 en Do sos­te­nido menor, Op. 131, que escri­bió poco antes de morir y dicen era su favo­rito. Beet­ho­ven insis­tió en que se tocara attacca, sin pau­sas. Así que no hay tiempo entre movi­mien­tos ni para des­can­sar, ni para afi­nar los ins­tru­men­tos.

Esta pieza es la que ins­piró a T.S. Eliot para escri­bir sus gran­des Cua­tro Cuar­te­tos, cuyos pri­me­ros ver­sos sir­ven de aper­tura del filme: “El tiempo presente y el tiempo pasado / Están quizás en el futuro / Y el futuro en el pasado. / Si todo es un eterno presente / Todo tiempo es irredimible”. 

Ese último concierto del título es el que prepara un cuarteto de cuerdas con motivo del 25 aniversario de su creación. Esos 25 años han transcurrido como un grupo cohesionado por el amor a la música y el respeto a Peter. Fascina la duración del grupo, un cuarto de siglo juntos es mucho tiempo… bodas, nacimientos, duelos, la vida de cada uno ha transcurrido en el grupo.

Zilberman ilustra lo que estudió Freud en 1921 en su “Psicología de las masas y análisis del yo” e inicia su narración a partir del momento en que Peter les informa que no podrá seguir tocando pues le han diagnosticado Parkinson y les propone que ese último concierto sea también el de su despedida y presentación de un nuevo violoncelista. Entonces la armonía estalla y aquello acallado durante tanto tiempo sale a la luz.

Con la modalidad “attacca” exigida por Beethoven para la interpretación, los riesgos, las disonancias posibles en el texto musical, harán alusión a las disonancias vitales que emergen entre los integrantes del cuarteto al conocer la enfermedad del violoncelista y sus consecuencias.

Mención aparte merece el reparto de actores y sus interpretaciones.

Os esperamos el próximo viernes, día 18 de Octubre, a las 18 horas en Café Isadora, Divino Pastor, 14.

Marta Mora

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