El hombre de al lado

Por Olga Montón - 14 de Septiembre, 2011, 11:14, Categoría: Comentarios_10 Temporada

COLOQUIO DE CINE Y PSICONÁLISIS. "El Séptimo"

73ª Tertulia
viernes, 16 de Septiembre,  a las 18 hs.
Café ISADORA. C/ Divino Pastor, 14    

"El hombre de al lado" de Mariano Cohn y Gastón Duprat.

La construcción de una ventana sobre una medianera  es el punto de partida de esta película Argentina del 2009 que llega ahora a España. La ventana logra simbolizar la capacidad intrusiva e intimidante de la observación, como muy bien reflejó Alfred Hitchcock en "La ventana indiscreta", 1954.

Una simple pared puede dividir dos mundos y la irrupción de lo inesperado en la vida familiar hace pensar en la noción de lo siniestro. Pero la película juega con el espectador. Por un lado el mundo de Víctor (Daniel Aráoz), hombre rudo, avasallador y vulgar que bajo el deseo de "atrapar unos rayitos de sol"  decide, sin permiso, hacer la abertura.  Y por otro lado Leonardo (Rafael Spregelburd), snob y pedante, sin ningún otro deseo que el de continuar en su statu quo y que no por casualidad vive en la famosa casa Curutchet, construida en la ciudad de La Plata por el arquitecto Le Corbusier. En ella, es permanentemente observado desde la calle por turistas y alumnos que fotografían la casa, cuyo diseño, trasparente en la fachada a la calle, encuadra su vida mimetizándola con las formas plásticas y frías del decorado.

Paradójicamente,  en esa conexión entre ambos a partir de la ventana, se pone en juego el rol del observador y del observado. La relación entre las miradas y lo que permitimos mostrar y ocultar de nosotros mismos, conducirá a Leonardo a reflejarse, a volverse sobre sí mismo y mirarse. Vemos, entonces, cómo lo siniestro anida en el luminoso ámbito compartido por el artista, su mujer y su hija, quienes mantienen una relación distante, deshumanizada y aséptica.

Víctor es un hombre del deseo, de la seducción. No puede dejar de seducir a Leonardo, quiere caerle bien, llegar a un acuerdo. Pero a la vez es insistente, perseguidor y opresivo. Le dice: "Necesito un poquito de sol que vos no usás, miralo desde ese lado". Quiere los "rayitos de sol" de la casa de Leonardo y para ello no duda en seducir a todos, incluida la hija y la alumna de su mujer. Lo que le da cierto aire perverso: "No hay mujer que se me resista, dejame hablar con tu mina", le dice.

Mientras Leonardo, como perfecto neurótico obsesivo, no quiere saber nada del deseo. El deseo le trastorna, desequilibrando su perfecta vida ordenada. Se escuda en los otros para no ser él en la escena, nunca está, está sentado en el palco mirando la escena, trasmitiendo las órdenes cómo si solo fuera el mensajero, apelando a la ley. ¿Realmente le estorba la ventana? Su mujer (Eugenia Alonso) le da órdenes,  incluso para besarle: "piquito, piquito", mientras en la cama le niega la relación. Ella le agobia con su demanda sobre el vecino y la insatisfacción permanente que le trasmite a Leonardo le lleva a lo peor. Es el pensamiento del neurótico obsesivo, si el otro desaparece se acaban los problemas, cuando en realidad no han hecho más que empezar.

Nos vemos el próximo viernes en el café Isadora en la calle Divino Pastor, 14, a las 18 h.

Un saludo

Olga Montón

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