Septiembre del 2011

Crónica 73

Por Marta Mora - 28 de Septiembre, 2011, 10:39, Categoría: CRÓNICAS

Crónica nº 73

16/09/11

 

El hombre de al lado.

Directores Mariano Cohn y Gastón Duprat

 

Iniciamos esta décima temporada, con una nutrida asistencia que fue coordinada por Olga Montón, que retomó algunos ejes de su escrito de convocatoria, como la anécdota de una ventana que remite más al ver que al mirar, ver, como Leonardo, (Rafael Spregelburd) el otro lado de si mismo, vislumbrar algo se su propio vacío. El otro que lo mira, Leonardo empieza a ver lo que hay detrás, como indicio de esto tenemos el llanto en el coche.

Los comentarios sobre Leonardo fueron unánimes, arrogante, mala persona, su mujer lo empuja, él no opina nunca.

Otro vio en la historia un juego entre la razón y la sin razón, Leonardo se aferra a la ley para impedir  la ventana en la medianera. El vecino, Victor, (Daniel Aráoz) pone por delante su deseo de un rayo de sol. Leonardo no se responsabiliza nunca, siempre se escuda en otros, su mujer, el amigo abogado, el suegro. Solo parece realizar su deseo cuando mata al vecino.

Otro señaló que al único al que puede decirle algo es a un discapacitado, un débil y se ensaña con él.

Una escena enigmática, que no todos recordamos, fue mencionada, cuando Víctor a invita a Leonardo a su casa, éste ve desde la casa del vecino su casa y algo más..., la cámara enfoca su rostro sin mostrarnos lo que ve, y su cara se transforma.

Victor, tan creíble que podría decirse que es el protagonista de la película, el actor que lo encarna proviene de una extensa experiencia en el teatro.

Alguien dijo Leonardo mantiene las relaciones en un punto de Ideal, pone fuera de sí a todo el mundo. La ventana es el agujero en el muro de su vida.

Se señaló que no es cine, es teatro, una metáfora de la amistad, con golpes va abriendo el muro, cine o teatro, es una película interesante. Hubo desacuerdo en la metáfora,Victor intimida, no es una buena manera de hacer amigos, en sus apariciones estamos temiendo sus excesos.

Victor un seductor con un matiz perverso. Lo fuerte es la intrusión. La escena de Victor con los títeres y la hija de Leonardo, a todos nos pareció inquietante. Al final es una película donde no existe el bueno o el malo, todos podemos ser malo o bueno según las circunstancias y la propia neurosis.

Otra lectura que se hizo fue política, es una película argentina, es una metáfora de las relaciones entre clases allí.

Otro recordó la película  “A puerta cerrada”, la frase “el infierno son los otros”, y que le pareció una historia sobre como solucionar la relación con los otros, como gestionar el conflicto con el otro. Tal vez el otro de nosotros mismos.

Otro la vio 2 veces, la primera le gustó, la segunda, menos, aunque mencionó que es desde Argentina donde últimamente nos llega el buen cine, cineastas jóvenes y guionistas muy buenos, en este momento es el mejor cine que se está haciendo y que hay en esta película un homenaje implícito a tres grandes directores de cine,  Hitchkock, Antonioni y Hanecke.

Se comentó cómo los directores, Mariano Cohn y Gastón Duprat, juegan con nuestros prejuicios y nuestra mirada, nos presentan un Victor intrusivo, atrevido, llano, amenazante aunque sutilmente van mostrando otros aspectos sobre el “mal vecino” que nos hacen dudar: la charla en la furgoneta, la invitación a tomar mate... La narrativa quiere hacer ver como se puede caer en un punto tan terrible, es un cuestionamiento de nuestra posición subjetiva. Otra prueba de esto es como mientras el jabalí en el contexto de la película aparece como amenaza, al final, cuando los subtítulos, con la receta de cocina para preparar el mismo animal, la perspectiva cambia radicalmente. El punto de la película radica en la mirada, las de los personajes y la de los espectadores.

Muchos pensaron que la historia acabaría en drama, todo el tiempo intentando localizar al malo y al bueno. La casa protagonista, de cuya propiedad Leonardo se vanagloria. La casa muestra para ocultar, como él mismo. Víctor muestra en el orden de lo obsceno.

Se señalaron otras cosas como el silencio de Victor agonizante, porqué no dice nada? Las mujeres desentendiéndose y obedeciendo la orden de Leonardo, cuando al menos la mujer sabe que no hará nada, como siempre. Victor muestra lo que Leonardo no quiere ver, como en la escena de la ventana haciendo el amor y lo que a la hija le interesa y no se entera.

Una tertuliana llamó a la reflexión: Dejar morir a una persona es algo muy fuerte, ¿estamos banalizando eso?

Se comentó también algo sobre los nombres: Leonardo, de León o de Leonardo el pintor, que no puede batirse con Victor, de victoria o de vida.Leonardo está muerto, Victor es vital. Victor un hombre excesivo que saca a la adolescente de su encierro, Leonardo un tarado.

Alguien comentó que ¡No podemos salvar a las mujeres! Lo más grave de Leonardo es que tiene una mujer terrible, la mirada es un no problema, ella lo empuja al duelo, la “ella” que él tiene dentro lo mata.

Otro comentario se hizo sobre la ironía al mostrar dos mundos, el de los creadores exquisitos y la gente de a pie, zafia. Hay un clase que desconoce al resto del mundo y otra que no entiende lo que hacen. Se burla un poco de los creadores de la época, los “gafapastas” les llaman, con la escena que muestra la estupidez humana: Leonardo y un amigo escuchan música moderna y el amigo elogia los golpes…que terminan siendo los golpes que está dando Victor en la medianera.

Con la alegría del reencuentro con el lugar, el Café Isadora y con los tertulianos de siempre y nuevos, concluimos esta tertulia. ¡Estuvo muy bien! Comentamos.

 

         Marta Mora

 

El hombre de al lado

Por Olga Montón - 14 de Septiembre, 2011, 11:14, Categoría: Comentarios_10 Temporada

COLOQUIO DE CINE Y PSICONÁLISIS. "El Séptimo"

73ª Tertulia
viernes, 16 de Septiembre,  a las 18 hs.
Café ISADORA. C/ Divino Pastor, 14    

"El hombre de al lado" de Mariano Cohn y Gastón Duprat.

La construcción de una ventana sobre una medianera  es el punto de partida de esta película Argentina del 2009 que llega ahora a España. La ventana logra simbolizar la capacidad intrusiva e intimidante de la observación, como muy bien reflejó Alfred Hitchcock en "La ventana indiscreta", 1954.

Una simple pared puede dividir dos mundos y la irrupción de lo inesperado en la vida familiar hace pensar en la noción de lo siniestro. Pero la película juega con el espectador. Por un lado el mundo de Víctor (Daniel Aráoz), hombre rudo, avasallador y vulgar que bajo el deseo de "atrapar unos rayitos de sol"  decide, sin permiso, hacer la abertura.  Y por otro lado Leonardo (Rafael Spregelburd), snob y pedante, sin ningún otro deseo que el de continuar en su statu quo y que no por casualidad vive en la famosa casa Curutchet, construida en la ciudad de La Plata por el arquitecto Le Corbusier. En ella, es permanentemente observado desde la calle por turistas y alumnos que fotografían la casa, cuyo diseño, trasparente en la fachada a la calle, encuadra su vida mimetizándola con las formas plásticas y frías del decorado.

Paradójicamente,  en esa conexión entre ambos a partir de la ventana, se pone en juego el rol del observador y del observado. La relación entre las miradas y lo que permitimos mostrar y ocultar de nosotros mismos, conducirá a Leonardo a reflejarse, a volverse sobre sí mismo y mirarse. Vemos, entonces, cómo lo siniestro anida en el luminoso ámbito compartido por el artista, su mujer y su hija, quienes mantienen una relación distante, deshumanizada y aséptica.

Víctor es un hombre del deseo, de la seducción. No puede dejar de seducir a Leonardo, quiere caerle bien, llegar a un acuerdo. Pero a la vez es insistente, perseguidor y opresivo. Le dice: "Necesito un poquito de sol que vos no usás, miralo desde ese lado". Quiere los "rayitos de sol" de la casa de Leonardo y para ello no duda en seducir a todos, incluida la hija y la alumna de su mujer. Lo que le da cierto aire perverso: "No hay mujer que se me resista, dejame hablar con tu mina", le dice.

Mientras Leonardo, como perfecto neurótico obsesivo, no quiere saber nada del deseo. El deseo le trastorna, desequilibrando su perfecta vida ordenada. Se escuda en los otros para no ser él en la escena, nunca está, está sentado en el palco mirando la escena, trasmitiendo las órdenes cómo si solo fuera el mensajero, apelando a la ley. ¿Realmente le estorba la ventana? Su mujer (Eugenia Alonso) le da órdenes,  incluso para besarle: "piquito, piquito", mientras en la cama le niega la relación. Ella le agobia con su demanda sobre el vecino y la insatisfacción permanente que le trasmite a Leonardo le lleva a lo peor. Es el pensamiento del neurótico obsesivo, si el otro desaparece se acaban los problemas, cuando en realidad no han hecho más que empezar.

Nos vemos el próximo viernes en el café Isadora en la calle Divino Pastor, 14, a las 18 h.

Un saludo

Olga Montón

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