|
|
Las nieves del Kilimanjaro
17 de Mayo, 2012, 11:06
|
Tertulia 80ª
Las nieves del Kilimanjaro
Robert Guédiguian 2011
Guédiguian realizador fiel a un cine de compromiso y denuncia, en la línea de Loach, nos entrega ésta vez una película sencilla y a la vez comprometida. De una abrumadora actualidad, donde vemos desmoronarse el estado del bienestar que creíamos un logro de la modernidad, en una Europa devorada por la recesión económica.
Avalada por la Espiga de Plata en la última edición de la Seminci de Valladolid, el Premio Lux 2011 otorgado por el Parlamento Europeo y un premio en el festival de Cannes 2011.
La idea del guión surge a partir de un poema de Víctor Hugo, Les pauwres gens; y el título del filme hace referencia a una canción de Pascal Danel, canción muy popular de los años setenta.
Es interesante el planteamiento que nos presenta, al enfrentarnos a las contradicciones, dilemas morales que sufren los protagonistas después de haber padecido un acontecimiento tan violento que transformará su cotidianeidad.
Crítica feroz a la situación actual, en este mundo gobernado por el mercado, donde el mundo conquistado por nuestros predecesores está en vías de extinción.
Con gran maestría nos presenta el abismo entre generaciones, el duelo generacional, la problemáticas de los jóvenes, muchos de ellos despolitizados y conservadores que sólo anhelan la supervivencia, y donde por vez primera tendremos promociones de jóvenes en situaciones más precarias que las de sus progenitores.
Confrontación entre los sindicalistas, inadaptados a los nuevos tiempos que nos comandan y los trabajadores y parados de ahora, sin conciencia de clase, que sólo pretenden conservar su trabajo.
Muerte de la conciencia de clase en un nuevo orden asfixiante que barre e intenta liquidar los logros conseguidos a través de luchas, fricciones, oposiciones mantenidas a lo largo del tiempo.
En una sociedad marcada por la restricción de derechos más básicos, por la pérdida de valores, con reajustes sin fin, nos preguntamos qué hacer, cómo evitar que los avances obtenidos se destruyan sin más.
La solidaridad es el centro de esta historia, los protagonistas son gente fiel a sus principios, honesta, digna, bondadosa, altruista.
Guédiguian formula que sólo la solidaridad humana puede ayudarnos en estos tiempos de crisis. Una solidaridad desinteresada contraria al individualismo atroz que impera en la sociedad.
Ante la barbarie cometida por uno de sus iguales, cabe preguntarnos si el fin justifica los medios. La agresión provocada por uno de los suyos, los lleva a cuestionarse sus principios.
El amor que existe entre la pareja, esa unión tenaz, compartida por ambos, esos códigos afines, hace que un mismo hilo conductor los atraviese y posean la misma idea del mundo.
Ante la solución que encuentran a la situación, nos preguntamos qué haríamos o cómo actuaríamos en tales circunstancias.
En fin, una película muy recomendable y pertinente en los tiempos que corren.
Mirta García Iglesias
Mayo 2011
|
|
80ª Tertulia
7 de Mayo, 2012, 10:50
|
Tertulia de Cine “El Séptimo”
UNA MIRADA ANALÍTICA DEL CINE
Coloquio sobre Cine y Psicoanálisis
80ª TERTULIA:
Día 18 de Mayo, viernes.
A las 18 h.
Café ISADORA. C/ Divino Pastor, 14.
Coordinación: Olga Montón
Modera: Mirta García
Crónica: Marta Mora
“Las nieves del Kilimanjaro”. De Robert Guédiguian

Correo: olgamonton@terra.es
http://elseptimo.zoomblog.com/cat/0
Comisión: Pilar Berbén, Carmen Cuñat, Mercedes de Francisco, Mirta García, Marta Mora, Graciela Sobral.
|
|
Cumbres Borrascosas
6 de Mayo, 2012, 17:34
|
Cumbres borrascosas. (Wutehring heights)
Directora: Andrea Arnold
Por Marta Mora
Cada tertulia origina un trabajo previo intenso, hay que ver varias películas para elegir una entre varias, esa decisión se toma colectivamente dando mayor peso a quien en ese mes ha decidido coordinarla. La elección de ésta tiene como fondo el VIII Congreso de la AMP que se hará en Buenos Aires la próxima semana y cuyo título es “El orden simbólico ya no es lo que era”. Había leído ya la conferencia de Jacques Alain Miller, “Una fantasía”, donde se pregunta “porqué esta moral civilizada, en su bella época, al final digamos, de la segunda mitad del siglo XIX, en la época victoriana ,que Lacan recordaba, fue tan cruel?”.
Adaptar una novela de 1847…Recordaba algo la novela leida muy joven y que he vuelto a leer ahora, como muy dolorosa, casi incomprensible, con poco amor en un medio aspero y salvaje, con dichos impregnados de la experiencia del contacto con la naturaleza. ¿Hoy Cumbres borrascosas? Que saldría de la única novela que escribió Emily Bronté con el seudónimo de Ellis Bell y de la declaración de la directora: “Siempre he estado obsesionada con ‘Cumbres Borrascosas’. Y para mí no es una adaptación sino un viaje personal. He seguido a mi corazón”.
Cumbres borrascosas ha sido llevada varias veces al cine desde la época muda. La adaptación más valorada mundialmente es la que William Wyler dirigió en 1939 con Laurence Olivier, Merle Oberon y David Niven en los papeles protagonistas. En 1953, nuestro Luis Buñuel hizo una adaptación, la más fiel, en México, donde los personajes no son tan seductores como en la versión de 1939. Además, no se preocupa por adaptarla al gusto de Hollywood, sino que rescata sobre todo el espíritu extremo de los personajes. No hace ningún esfuerzo en hacer "querible" a Heatchcliff, porque lo quiere como lo expone Brontë: violento, burdo, inadaptado, resentido, y profundamente enamorado. No se esfuerza por dar a Catherine pinceladas de "humanidad", porque la quiere como es: caprichosa, histérica, frágil, con los defectos de toda niña mimada y profundamente enamorada y se ocupa de acentuar la brecha de la diferencia social entre ellos.
Esta directora parece ser fiel a Bronté, aunque lo de “profundamente enamorado” para los personajes no se destaque, es un drama si pero ¿de amor?, eso está poco explicitado, es más bien un drama de crueldad que tiene más que ver con el sentimiento que Freud definió como primario: el odio. Los protagonistas en la primera parte atraviesan la etapa como perversos polimorfos, que se muestra en detalles que hoy nos horrorizan, impresiona el descubrimiento de la vida adulta por Heathcliff, y el espectador descubre con él a los que lo rodean, ese extraño ser que es una niña, que juega con él, que tan pronto es angelical o como malvada, los celos del hermano de Catherine o a la cierta calidez en la criada que lo orienta.
La directora narra pegada al espíritu de la novela, el amor frustrado, el odio, la venganza, los celos entre hermanos, el rechazo al diferente, las diferencias sociales, la pérdida de objetos amorosos para siempre y la incapacidad de encontrar sustitutos, la vida detenida en un tiempo sin tiempo que los lleva a la destrucción de otros y de sí mismos. Respeta también la metáfora de la novela como una Matrioska, una historia con varias historias dentro a pesar de que se centra en Catherine y Heatchliff , desde el declinar de la infancia hasta la muerte de Catherine. Los secundarios solo están coloreados, difusos, confusos. Heatchcliff en la novela es un niño gitano y aquí es un niño negro lo que acentúa la diferencia y el rechazo y hasta lo explicaría…
El medio en el que está la casa que da nombre a la película y por el que recibió el premio de fotografía logra transmitir ese ambiente húmedo, hostil, frio y enfangado que destila la novela. Algunas críticas que leí hablan de que “la estrella del film es la naturaleza”, tal vez por la fotografía, tal vez por el preciosismo con que nos muestra animales y flora del entorno que son muchas veces referencia de dichos en la novela, tal vez porque casi la única música es el viento.
Mi conclusión es que es un hallazgo, tal vez de Emily Bronté o Elli Bell como quiso llamarse, mostrar la crudeza que encierra belleza en la naturaleza en contraste con la crudeza y la parquedad de esos seres que la habitan.
Coincido con un crítico en que “sólo ese deseo de transmitir un ambiente oscuro, seco y aislado del mundo, donde los instintos parecen adueñarse de todo, convierte 'Cumbre borrascosas' en una adaptación más o menos memorable”.
Marta Mora
|
|
Cronica 79ª
6 de Mayo, 2012, 17:24
|
Crónica nº 79
Cumbres Borrascosas de Andrea Arnold
Mirta García
Coordinó la tertulia Marta Mora. En relación a su directora comentó que éste es su segundo film, en cuanto a los cortos que ha realizado, la mayoría han obtenido premios.
La novela de Emily Brontë ha sido adaptada al cine en numerosas ocasiones. De hecho hay doce versiones de Cumbres Borrascosas, siendo la más conocida la de William Wyler de 1939. También Luis Buñuel la dirigió en 1953 en México.
Se argumentó que la versión de Arnold es muy fiel a la novela, versión que no deja indiferente e incita a la polémica.
Se pone de manifiesto la no utilización de la música, la directora no ha querido mitigar el sonido de los cuerpos, de la naturaleza, de los humanos, de los animales conviviendo.
Se marca bien la diferencia entre la hacienda de los ricos y la casa de los pobres.
Hubo un acuerdo unánime en cuanto al papel que Arnold le atribuye a la naturaleza, el sonido de los pájaros, las ranas, el viento, donde la vida de los pueblos queda muy bien ilustrada.
En cuanto al film en general, se remarcó que la primera parte de la película está mejor lograda, siendo la segunda parte más aburrida y tal vez hubiese sido mejor que la directora hubiese caracterizado a los mismos actores en su pasaje de la niñez a la juventud, ya que el hecho de no hacerlo, en alguna medida ha roto con la continuidad narrativa.
Algunos tertulianos manifestaron que la película no les gustó, les resultó lenta, incluso lentísima y el uso de demasiadas escenas nocturnas que dificultan la visión, excesivo.
La ausencia de diálogos, resaltan la pobreza de lo simbólico, donde los personajes están impulsados a actuar permanentemente.
El amor fue otro de los temas que animaron el debate. La pregunta giraba alrededor de si estaban enamorados o si lo único que existe entre ellos es capricho, venganza, obsesión, egoísmo.
Se puso de manifiesto que es en la adolescencia cuando se descubre al otro sexo y se adujo que los protagonistas están marcados por un amor estragante, un amor en el sentido de la posesión, no otorgándole al amor el estatuto de dar lo que no se tiene.
El amor como completud, como la obtención de la media naranja, no existe, el amor se nutre de la falta.
Resonaron dos frases importantes, una de Caty cuando dice en relación a él: es más como yo, que yo misma. Y la frase pronunciada por Heathcliff: no me puedo olvidar de ella, sino me olvido de mí.
Se cuestionó si la invitación de Heathcliff a Caty, cuando le dice: vente conmigo, criaré a ese hijo tuyo como si fuese mío, podría considerarse como una prueba de amor.
Para Catherine la llegada de Heathcliff constituyó una vía de escape, para Heathcliff la pérdida de ella, torna a su vida sin sentido.
La mirada tiene un valor fundamental en el film, nos invita a visionar la película desde la mirada del protagonista.
Un tertuliano comentó que ésta podría ser una película prepsicoanalítica, una película desabonada del inconsciente, orientada al acto.
La sexualidad está omnipresente y uno de los méritos de la obra es reflejar la vida del mundo occidental del siglo XIX de buena manera.
Concluyó Marta la tertulia citando a Lacan cuando dice en relación al amor: amor es dar lo que no se tiene a quién no lo es. Amo en ti, algo más que a ti y por eso te mutilo.
|
|
79ª Tertulia
11 de Abril, 2012, 11:15
|
Tertulia de Cine "El Séptimo"
style="TEXT-ALIGN: left; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="left" />UNA MIRADA ANALÍTICA DEL CINE
Coloquio sobre Cine y Psicoanálisis
79ª TERTULIA:
Día 20 de Abril, viernes.
A las 18 h.
Café ISADORA. C/ Divino Pastor, 14.
Coordinación: Olga Montón
Modera: Marta Mora
Crónica: Mirta García
"Cumbres Borrascosas". De Andrea Arnold


Correo: olgamonton@terra.es
http://elseptimo.zoomblog.com/cat/0
Comisión: Pilar Berbén, Carmen Cuñat, Mercedes de Francisco, Mirta García, Marta Mora, Graciela Sobral.
|
|
Cronica 78
9 de Abril, 2012, 11:13
|
Cronica nº 78
“Shame”
Director: Steve McQueen
Esta tertulia estuvo más concurrida que otras veces y, con mucha asistencia masculina, que demostró mucho interés.
Coordinó nuestra colega Pilar Berbén. En la introducción retomó algunas cuestiones que ya había anticipado en su escrito de presentación: Brandon, (Michael Fassbinder), es un hombre prisionero de sí mismo, ““una persona que goza de todas las libertades occidentales y que, a través de su aparente libertad sexual, crea su propia prisión”. Sissy, (Carey Mulligan), su hermana, en apariencia frágil, en posición de victima que demanda y demanda a otros y al hermano sin lograr respuesta.
En la discusión fueron surgiendo las escenas que más retuvieron la atención así como algunos diálogos y las distintas visiones de los personajes.
Alguien manifestó sentirse muy interesada porque no entendía como podían los personajes ser así. Le pareció lenta, a veces aburrida y le hubieran gustado más datos sobre su historia, venía con mucho interés por escuchar lo que se diría aquí. Él le pareció muy raro y la hermana desequilibrada.
A otro le pareció interesante, difícil de ver porque nos enfrenta con el circuito de la pulsión, que es de muerte, sin satisfacción, pegado al goce y no al deseo. Él no puede elegir cuando aparece el deseo del Otro, Emma, y se defiende. Se intuye que algo incestuoso ha habido entre ellos que los marca. No hay pudor, no hay “shame”, que es a la vez pudor y vergüenza “shame on you”, vergüenza de ti o “its a shame”, es una pena. Puso como ejemplo la escena del baño, él irrumpe y ella desnuda que no hace ademán de taparse. La canción New York maravillosamente interpretada por Sissy, que en su tono y lentitud dice otra cosa que el éxito que parece transmitir la versión de Sinatra y que hace que Brandon se divida. Ver Shame le recordó otra película del mismo director, Hunger, que trata de un cuerpo mortificado por una causa mientras que en ésta es un cuerpo que cede al puro goce sin mediación del amor ni del deseo.
Otra opinión fue que Shame es desoladora, Brandon huye de sus problemas y su autodestrucción, una adicción conlleva también que no tiene vida y vio también la sombra de algo incestuoso entre los hermanos.
A otro le pareció una película perfecta, el actor muy expresivo, que no hubiera mucho diálogo, sin palabras no le pareció que hicieran falta. La canción, como pidiendo ayuda, preciosa. De acuerdo con que el director no nos dé todo masticado. De Brandon le pareció que tras su apariencia fría lo que le pasa es que le da vergüenza que vean sus sentimientos.
Ignacio Castro tomó de su escrito, que Brandon “ha encontrado en el infierno de su desolación promiscua una forma de vida que le salva de su gran miedo: tener que escuchar las voces débiles que vienen de atrás, tener que amar y empuñar la fatalidad de lo vivido” que refleja el “no somos malos, venimos de un mal lugar” que dice Sissy y convocó a que cada uno pusiera su propia infancia.
Unos tomaron esa frase como tramposa para distraernos de la historia, solo nos cuentan que son irlandeses y solo se puede especular Alguien apuntó que el problema justamente es que no tienen su pasado consigo, “las voces débiles que vienen de atrás”, como parece mostrarlo la escena en la que mientras ellos hablan se ve la televisión con dibujos animados de fondo, en blanco y negro y que no ven. Seguramente no han recibido afecto, por eso él va al sexo sin afecto.
Se comentó otro momento en el que Brandon se conmueve, cuando en el hospital al acariciar el brazo de Sissy, ve la marcas de los intentos de suicidio anteriores, unos interpretaron que ve ahí sus propias heridas y es lo que lo hace salir a llorar, mientras otros pusieron el acento en que es lo que la hermana le dice: “canalla”. Para otros es el jefe que divierte a la hermana lo que lo divide.
A unos les pareció Shame, muy moral y muy política. Brandon es un símbolo, no en vano triunfa en New York. El momento más falso es el de la frase de Sissy. Brandon es una caricatura de nosotros mismos. La escena más erótica, es con Emma en la cena, no es que él no pueda elegir el menú, es que está en trance, más frío que nunca ante el peligro del amor que ella le ofrece. Un hombre del goce y pocas palabras, que relaciona su cuerpo con su órgano, es con Emma que descubre que el órgano hace lo que le da la gana, su narcisismo se barra, se rompe su semblante de puro éxito.
Otros no vieron al personaje exitoso, y se inclinaron por ver, irónicamente, el éxito en el jefe, él es un tipo “normal”, de nuestro tiempo, que solo le molesta de la afición de Brandon a la pornografía el gasto que implica para la empresa, infiel y buen padre.
Para unos Brandon es un impotente afectivo, un personaje de tragedia griega, bloqueado e hicieron un paralelismo entre el personaje y la ciudad, de muchas luces pero algo sórdida. En él, la falta de entrega y en ella, la entrega en exceso.
La canción fue también objeto de comentarios, como un guiño a Marilyn, que daba perfil de frívola y feliz, infantiloide pero con un sufrimiento intenso. Difícil no colocar el punto de moralidad, frialdad del personaje como la propia del director.
Joya actual opinó otro. Le sorprendió la apreciación de Brandon como un triunfador, lo conmovió. La escena con Mariam, un hilo de la peli, no le gusta nada, es un intento de él para relacionarse. Como se soluciona eso? El tema también es la impotencia. Se marcó la escena del bar, tomando a la mujer como objeto de uso, brindando la escena a otro para hacerse pegar.
Otra persona expresó que no le había gustado nada, le parecía que el director se embelesa con el personaje y que si de cada película hace falta una tertulia psicoanalítica…apaga y vámonos, el cine va fatal. Fue con un amigo que dijo ¡si esto es lo que les pasa a todos los tíos! Aunque otra opinión fue que justamente, si en una tertulia se añaden y comentan cosas, eso habla bien de la película y que hay cierta denigración de la hermana, victima idealizada. Ella lo divide y por eso no quería verla, ella es intrusiva, se mete en su casa, se mete en el baño mientras él se esta masturbando, se le mete en la cama, lejos de que él le parezca malo, piensa que él se protege.
En general la película fue creciendo con los días, al principio dejó una mala sensación en varios pero opinaron que no es una mala película. Tomando a Nabokov que les decía a sus alumnos “atentos a los detalles”, los detalles fueron surgiendo con el tiempo. Para los personajes el pasado es una frase y todo el tiempo les pesa, él llega a casa y hace una serie de actos autómatas, oye el buzón de voz donde lo reclaman, pone música y enciende el ordenador para ver porno.
No les pareció que se puedan comparar los dos personajes, ella pone en peligro su vida, él está bien orientado. Antes de la cena con Emma, apela a la cocaína, llega tarde, es goce destructivo pero sabe muy bien, lo intentó y no le salió. Ese costado metafórico de la parte cuantitativa del capitalismo, no hay amor, si lo hubiera no hace lo que hace, en Mercadotecnia se habla de “penetrar” los mercados. Clave de éxito, ¿Qué es el éxito? La política y la economía son muy parecidas a lo que nos muestra la película.
A unos el final les pareció un final abierto a la esperanza: puede cambiar, el indicio se los dio la mirada de él a la misma mujer que persigue al inicio del film, como que la corrosión no ha llegado al sujeto. A otros les pareció ambiguo, ¿repetirá o no?, porque también al inicio él no se levanta hasta que ella se baja del metro, salvo eso, la escena, más corta y casi igual, se corta en el momento final y decisivo… ¿irá tras ella?
La que sí aparece distinta es la mujer, rejuvenecida y provocativa.
Como se habló mucho sobre la enfermedad de los personajes, se puntualizó que la enfermedad no es nada que no tengamos los humanos.
Una observación interesante fue que en la masturbación él está siempre en lo homosexual y fracasa ante lo heterosexual que se trajo a colación por la escena en que borracho perdido no lo dejan entrar en el antro de siempre y cruza la calle, entra en un bar gay y tiene relaciones sexuales con hombres. Primer tiempo, refleja como es un hombre en un punto autista, tomando a los otros como objetos, todos. Esclavo de un automatón, ante la hermana no se divide. Segundo tiempo, aparece la hermana, se le desbarata el automatón. El final… la culpa no hace mella. Si no apareciera la hermana, aparecería cualquier otra cosa, el automatón es un ortopeda frágil, el mundo no es sin la contingencia, parece una neurosis obsesiva de libro. No es “todos” los hombres como alguien mencionó, es un hombre en una posición obsesiva, la histeria no es la mujer ni la femineidad. El “para todos” nos lleva a equivocarnos. El atrapado en su goce y ella en todo para el otro.
No fue fácil terminar la tertulia, muchos querían intervenir…
Los esperamos para la próxima, el 20 de abril de 2012, en el cálido y acogedor Café Isadora al que agradecemos su hospitalidad.
Marta Mora
|
|
Shame
22 de Marzo, 2012, 15:07
|
SHAME
Shame es el segundo largometraje de Steve Mcqueen, director y coguionista. Su formación en distintos sectores del arte y del espectáculo (videoartista, fotografia y escultura) nos permiten disfrutar de una cuidada estética y expresividad en esta película de pocas palabras y mucha soledad.
El propio director inglés nos presenta a Brandon (Michael Fassbender) como “una persona que goza de todas las libertades occidentales y que, a través de su aparente libertad sexual, crea su propia prisión”.
En este sentido, nos encontramos con un personaje muy de nuestro tiempo, esclavo de su deseo alimentado por las comodidades de la tecnología del siglo 21 y lleno de excesos: buen trabajo, lujosa casa, bares, restaurantes. Sus relaciones promiscuas y el consumo obsesivo de sexo en las formas y formatos más variados, en cualquier lugar, con cualquier persona, no son para él motivo de satisfacción sino, por el contrario, es la compulsión, la droga anestésica que exige cada vez más y más y que nos muestra el aislamiento interior de su protagonista.
En los encuentros sexuales que Brandón práctica obsesivamente, el director sabe mostrarnos magistralmente, con primeros planos, la mirada fría y triste que transmite la gran amargura y soledad, de este hombre sumido en un ritual repetitivo, ¿Por qué no es capaz de establecer una relación con una mujer, donde pueda existir un pequeño compromiso, donde algo relacionado con el erotismo, la seducción y las emociones se ponga en juego?
El volcán cubierto de nieve que parece su vida, entra en ebullición con la llegada inesperada de Sissi (Carey Mulligan) su hermana, ella invade su privacidad cuidadosamente cultivada. Es frágil, en cada gesto suplica cariño y protección ¿Está él en condiciones de responder a estas demandas? El drama se rebela en algunas de las secuencias más dolorosas de la película, la conversación, con dibujos animados de fondo, nos muestra que no quiere testigos, quiere ocultar su vergüenza en la intimidad.
Tanto la interpretación de Michael Fassbender, que lo da todo en este papel, como la de Carey Mulligan con sus excesos afectivos, nos hacen creíbles sus personajes.
La fotografía nos permite a veces un respiro, (restaurantes lujos) pero otras, nos aumenta la sensación claustrofóbica. (calles vacías y oscuras, garitos siniestros) .
Los temas brillantes y conmovedores de la banda sonora, potencian el sufrimiento del protagonista, aumentando esa sensación de vacío, despojando no sólo a sus personajes, sino también a los espectadores. Cómo no destacar: New York, Neuw York, cantado por Carey Mulligan a un ritmo lento. Durante toda la actuación la cámara se queda en un plano fijo y es imposible no conmoverse ante la belleza del rostro y la tristeza que expresa esa voz imperfecta pero extrañamente melancólica.
Esta es una historia perturbadora que conmueve y es difícil que deje indiferente.
Sobre el título de la película; algunas palabras enigmáticas referidas al pasado familiar de los dos hermanos; la intensidad dramática en su desenlace, así como vuestras aportaciones que nos enriquecerán a todos, debatiremos ampliamente en la Tertulia del próximo viernes, día 16 de marzo en el café Isadora en la calle Divino Pastor, 14, a las 18 h.
Pilar Berbén
|
|
Crónica 77ª
27 de Febrero, 2012, 17:48
“Los descendientes”
De Alexander Payne
CRÓNICA 77ª
La tertulia comenzó con la introducción de Olga Montón, quien estuvo a cargo de la coordinación de la misma. Comenzando por su título y señalando como éste alude tanto al personaje, descendiente de ancestros hawaianos, como al lugar que sus descendientes tienen para él.
Alexander Payne narra un drama de la vida desde el punto de vista masculino, al centrar su historia en el personaje de Matt. Va mostrando la manera que Matt va encontrando para hacerse con la contingencia que está cambiando el rumbo de su vida. Olga lo presenta como un hombre del amor, que hace lo que puede con la imposibilidad para que no se le haga insoportable.
Se trata de una comedia dramática, bien posicionada en el límite que separa los dos géneros. Una comedia bien contada y bien actuada. Que muestra como en un drama familiar se halla inmerso el drama de cada uno. Un tertuliano planteó que se trataba de una tragedia narrada de un modo amable.
Una película, que como planteaba un tertuliano, mantiene una tensión entre la desnudez de la palabra con respecto a lo real y su mostración, y el intento de construir algo alrededor de este. En la película el amor consigue circundar el real de la muerte
La cuestión del amor fue un eje fundamental en la tertulia, no hubo análisis que no pusiera esta cuestión en su centro.
De Matt, el personaje masculino a través del cual el director elige contar la historia basada en la novela de Kaui Hart Hemmings se fueron haciendo los siguientes análisis:
Se trata de un hombre del amor, tal como lo introducía Olga, que como decía un tertuliano, hasta el final preserva el amor por su mujer. Una tertuliana lo planteaba como un hombre moderno que se va humanizando a partir de una catástrofe, llegando a querer a sus hijas y a su tierra. Se planteó su relación dificultosa con el deseo que lo lleva a vivir al margen de su mujer, de sus hijas, de su cultura; como su posición ante la vida le hacía parecer un muerto en vida citando un dicho que se le dice al personaje: “vivió más ella en un año que tú en diez”.
Se planteó que se trataba de un hombre que se va haciendo con todo lo que le va pasando, que va elaborando la problemática con su mujer. Un tertuliano planteó que a este hombre, el encuentro con la muerte le hace ver otras cosas de la vida, como aceptando la muerte podía entrar en una relación diferente con la mujer pudiendo hablarle, aún sabiendo que está en coma. Con respecto a esto, una tertuliana decía que es la muerte de ella lo que devuelve a él a la vida, lo que lo acerca a los objetos amados: su mujer, su hija, su tierra.
De su mujer se planteó la cuestión de su vivir al límite dejando en suspenso si el accidente habría sido para ella una contingencia. Una tertuliana planteaba la diferencia entre el hombre y la mujer con respecto al amor, como para la mujer el amor es fundamental a la hora de establecer un lazo con un hombre: ahí donde para el amante ella es una más y no altera su “armonía familiar”, ella se enamora y está dispuesta a dejar al marido.
Una tertuliana planteaba que esta mujer no parecía ser una madre amorosa ya que las hijas no parecen amarla.
Hubo un acuerdo en la tertulia acerca de como la hija adolescente se constituye en un partenaire para el padre, planteándose luego que se sostienen y salvan mutuamente. Es la hija que guarda un secreto materno que la llena de rabia, una rabia muda que la lleva a llorar la “muerte” de la madre debajo del agua como si toda ella fuera una lagrima, decía un tertuliano.
Un retrato de la adolescencia contemporánea hecha por ella y su amigo quien en un momento dice: nosotros no hablamos de lo que nos pasa sino que nos entretenemos con otras cosas. Adolescentes que tras el semblante de estar desorientados acaban orientando a los adultos.
Del personaje de la niña se planteó como la angustia muda la empujaba a ciertos actos. Una tertuliana planteaba como el personaje muestra un rasgo de la cultura contemporánea donde lo imaginario prevalece sobre lo simbólico. La niña debe mostrar con imágenes la muerte progresiva de su madre para que los demás le crean. La exhibición, que como decía un tertuliano, atenta contra la preservación de lo privado. Una tertuliana comentó la escena en que la psicóloga comunica a la niña que su madre morirá, planteando la pregunta “¿Porqué un “experto” podría decir bien la muerte?” Otra respondió que quizás es mejor que lo diga “un experto” a que nadie diga nada.
La decisión final del personaje de no vender las tierras vírgenes heredadas de sus ascendientes suscito dos posiciones diferenciadas entre los tertulianos: Por un lado se lo veía como un puro golpe al rival y por otro como un “no” al capitalismo arrasador que quiere matar el valle y la emergencia de su amor por la tierra.
Por último, la metáfora del archipiélago fue rescatada. Buena metáfora para nombrar una familia en las que por más conectadas que estén sus islas, siempre habrá algo que los mantendrá separados. La escena final, en la que muchos coincidieron que se trataba de una escena del amor, lo ilustra.
Celeste Stecco
|
|
Los descendientes
10 de Febrero, 2012, 11:28
|
COLOQUIO DE CINE Y PSICONÁLISIS. “El Séptimo”
77ª Tertulia
“LOS DESCENDIENTES”. de Alexander Payne. 2011.
“Cómo no hacer insoportable lo imposible”
Basado en la novela de Kaui Hart Hemmings publicada en 2009, el director Alexander Payne realiza su quinto largometraje, siete años después de “Entre Copas (Sideways)” (2004), con la que consiguió el Oscar al mejor guión adaptado y 5 nominaciones. Y lo hace con una cinta de estructura lineal y factura sencilla, convencional y sin más sorpresas que las que su protagonista encuentra. La cinta llega después de haber obtenido buenas críticas y dos Globos de Oro, mientras se postula como una de las favoritas para los Oscar.
Matt King (George Clooney), casado y padre de dos niñas, se ve obligado a reconsiderar su pasado y a encauzar su futuro cuando su mujer sufre un terrible accidente de barco en Waikiki. Matt intenta recomponer la relación con sus hijas —la precoz Scottie (Amara Miller), de 10 años, y la rebelde Alexandra (Shailene Woodley), de 17—, al mismo tiempo que se enfrenta a la difícil decisión de vender las tierras de la familia.
La cámara busca continuamente a George Clooney, para arrancar comicidad con sus gestos o sus ridículas carreras, para descubrir las reacciones y heroicidades de un personaje entrañable y atractivo en su imperfección. El protagonista comienza diciendo: “¿Piensan que somos inmunes a la vida? ¿Qué nuestro sufrimiento es menos doloroso por vivir en Hawái?”
Matt es un padre del amor, que posiblemente enredado en “los negocios familiares” cual mandato superyoico andaba despistado de la vida familiar. Su padre le dijo: “Da a tus hijos suficiente dinero para que hagan algo, pero no tanto como para que no hagan nada”. Cuando la realidad se impone su respuesta da cuenta del amor por esas hijas que no conoce y esa mujer en coma. Su posición de dar lo que no tiene, su imposibilidad para tener respuestas, su silencio, su petición de ayuda a la hija mayor y sus abrazos a pesar del rechazo inicial, va construyendo una relación de amor que culmina en la escena final los tres compartiendo un helado.
Por otro lado Alex, en su papel de descontrolada adolescente, desconcertada y enfurecida con la madre por ser infiel al padre y portadora de su secreto; y con el padre por no estar donde debía estar, a la altura, y le dice: “Tú no tienes ni idea de nada, ¿verdad?” . Sin embargo, parece bien orientada en su elección por ese joven Sid (Nick Krause), un joven de la época pero que la quiere, que con su sola presencia “la hace más civilizada”, un joven que sabe del dolor y que acepta la imposibilidad. Al principio se lo impone al padre pero termina siendo un apoyo para él, defendiéndole frente a ese suegro que da cuenta de los caprichos de su hija en coma y que le reprocha: “Vivía mas en un año que tú en 10 metido en ese despacho” “Elizabeth sufre un infortunio cuando a ti te llega la fortuna”.
Finalmente Scottie, que recuerda a la pequeña Olive protagonista de “Little Miss Sunshine”, con las dificultades para enfrentarse a la pérdida de su madre termina recuperando a su padre.
“La familia es como un archipiélago, estamos solos y nos vamos alejando lentamente”, dice Matt. Es su manera de no hacer insoportable lo imposible, aceptar la imposibilidad la hace más soportable.
Nos vemos el viernes 17 en el café Isadora en la calle Divino Pastor, 14, a las 18 h.
Un saludo
Olga Montón
Moderación: Olga Montón. Coordinación: Olga Montón. Equipo: Pilar Berbén, Carmen Cuñat, Mercedes de Francisco, Mirta García, Marta Mora, Graciela Sobral.
http://elseptimo.zoomblog.com/cat/0
Correo: olgamonton@terra.es
|
|
Los descendientes
10 de Febrero, 2012, 11:24
|
Los descendientes
(Alexander Payne, 2011)
Sabor local al margen de los tópicos. Encuadrar la vida real en uno de los últimos estados de la Unión, siempre relegado a la condición de paraíso natural del turismo, excepto cuando se habla de Pearl Harbour o de la biografía de Obama. ¿Los ricos también lloran? Lo sabíamos, gracias. Como también sabíamos que en Hawai la gente vive y muere como en cualquier parte, puede tener cáncer y no pasarse la semana subida a una tabla de surf.
Aparte del típico rencor intelectual hacia cualquier producto americano de éxito, había razones adicionales para sentirse un poco marxista durante los primeros minutos, siguiendo las peripecias de un acomodado abogado que tiene a su mujer en coma y ha de hacerse cargo, por fin, de sus dos hijas. Es posible que un drama así, en principio, no impresione mucho a los que en Rumanía, en Cuba o en España bregan a diario para salir del agujero, sin hospitales de primera a mano ni latifundios en fideicomiso. Sin embargo, pronto un cierto materialismo entró en escena, reconciliándonos con el empuje de la narración. Poco a poco Los descendientes se convierte en una historia común, creíble y humana, que encuentra en el rostro desencajado de Clooney su suelo y su continuo referente. En el papel de Matt King, olvidamos que Clooney es una estrella, devuelto a la humanidad por el desconcierto que una y otra vez le cruza la cara.
Entendámonos, no es que este trabajo de Payne se vaya a convertir en un hito de nuestra memoria, pero ya los primeros planos de una mujer que vegeta como un saco de huesos alejan la pereza inicial. ¿Qué haría el cine sin esta cruel piedad del realismo anglosajón? La boca entreabierta, los labios secos, la cara amoratada. Sobre todo, esas manos simiescas crispadas en torno a un triste objeto que las enfermeras han puesto para que Elisabeth no se haga daño. Conforme avanza y se complica la historia, el ser misterioso que es esa mujer muda, viva y muerta a la vez, condensará la ambivalencia que envuelve a los vivos. También a los muertos, esos antepasados que desde las fotografías familiares nos recuerdan algunas oscuras ataduras.
“Yo pienso en cada uno de mis muertos como si todavía estuviese vivo, y en los que viven como si la muerte ya los separase de mí”. Francamente, no es probable que Jünger sea muy leído en Hawai ni que la intención del señor King sea seguir esa filosofía. Sin embargo, una de las lecciones que se desprende de su historia es que es vital hacerse cargo del claroscuro del pasado, de una herencia nunca elegida y no siempre fácil. La rueda de la contingencia te deja un día como administrador de miles de acres de tierra y otro día te anuncia que tu mujer yace en coma por una caída absurda desde una lancha. Después, durante la convalecencia de tu esposa, es tu hija la que tiene que revelarte que tu mujer no sólo había se había distanciado, sino que te engañaba con otro. Para más escarnio, ese otro no parece un hombre precisamente admirable.
Hay una escena que recuerda a El último tango en París, cuando Matt pregunta ante el cuerpo silencioso de su mujer adúltera: “¿Quién eres, realmente?”. El mutismo de Elisabeth ayudará a ajustar las deudas pendientes. Con un decorado cambiante, pronto Los descendientes nos recuerda una historia real, con su dosis de contingencia y desconcertantes quiebros. No se trata de una obra que vaya a pasar a la historia del cine (le faltan espectros para eso, los que hacen que sean clásicas Los olvidados o El árbol de la vida), pero sí de una película que cumple con creces la función vital que se le puede pedir a una historia: poner en suspenso el sentido, decía Godard. En suma, raptarnos con una trama que remueva el orden real. A su manera entrañable y muy poco épica, Los descendientes ayuda a romper con la religión social, nos libra durante un lapso de esa ilusión de cercanía que alimenta nuestra tediosa rutina. Sin duda, para devolvernos después a su curso, pero armados con la lejanía de un pequeño viaje.
Mentiras, sexo, amor a tres bandas. ¿Quieres? No te quieren. ¿No quieres?: posiblemente te querrán más. El laberinto neurótico de los afectos configura el solaz y el tormento de este infeliz mundo regulado donde los padres, como casi toda autoridad moral, fallan.
Sin embargo, si el personaje de Clooney se hace querer es porque no se rinde, ni rechaza casi nada. Administrador de tierras que apenas conoce, decide hacerse cargo del complejo horizonte que hereda durante la agonía de Elisabeth, incluida una nueva voz en el complejo familiar, el contacto con el amante de su mujer y la reinvención de la paternidad con dos hijas que inicialmente parecen poco modélicas. Se puede mencionar que uno de los logros de esta digna película es el alzado que bosqueja de la barbarie juvenil. Alexandra y la pequeña Scottie se hacen al principio bastante odiosas. Intransigentes, apresuradas, despiadadas con toda flaqueza. Tanto ellas dos como el “putón tarado” que es amiga de Scottie, como Sid, el boy friend de la hija mayor, parecen al comienzo existencialmente fascistas, aunque les falte esta ideología y, propiamente hablando, carezcan de ideas. Gracias a la imperfección de sus mayores, los tres representan casi lo peor de la juventud actual: el rencor, la crueldad burlona, el dogma de la impaciencia, el desprecio por los matices y todo lo que no se comprende rápidamente. Sólo el drama creciente de una sombra materna que se alarga, y de un calor paterno que se crece en las dificultades, a veces hasta el borde del ridículo, devuelven a los tres jóvenes al encanto de los seres que sienten y dudan.
Así hasta que la belleza silvestre de Alexandra se adueña casi de la pantalla. Más ella que Sid, pues éste pronto consigue que le propinen un golpe y acaba confesando su propia tortura, al tiempo que se convierte en buena compañía. Pero es Alexandra la que es capaz de sentir y llorar bajo el agua, hundiéndose para que no se oigan sus gritos. El silencio de ese fondo de piscina es emblema de un dolor universal y mudo que hay que tragar. La tristeza de ese trago inconfesable hace a Alexandra gradualmente más adulta, más seria y atractiva.
“Adiós, mi amor, mi amiga, mi tormento”, susurra nuestro antihéroe ante el cuerpo deshecho de la que fue su esposa. Al final, las cenizas de quien vivió tan intensamente son arrojadas al mar. ¿Al amar también? Polvo eras: silencio vuelves a ser de nuevo, mezclado en esa superficie que espejea sin sentido. ¿Igual que el amor? La mujer que vivió ferozmente disuelve su ceniza gris en el agua verde que rodea a la barca familiar. Después de la tragedia, unas pocas imágenes de la costa boscosa sugieren que podríamos visitar la isla, lejos ya de la propaganda que hace de ella el reclamo para una humanidad que quiere huir de su miseria.
Para sobrevivir, la estrategia de Mr. King ha sido exactamente la contraria: viajar hacia las aguas turbias que antes ignoraba. “No hablamos hawaiano, pero hemos nacido aquí y somos de aquí”. En nombre de aquella ascendencia que se prolonga en esta descendencia, Matt no convertirá sus tierras casi vírgenes en un burdel para el juego y el turismo. La imagen de los tres King unidos, intercambiando su comida en el mismo sofá desde el que miran el documental sobre un animal anómalo que vive en la orilla y no sabe nadar (tiene alas, pero no vuela), nos devuelve a una vida que se alimenta del misterio de lo ausente. Son sus descendientes. Hijos de lo que no han elegido, como nosotros.
Ignacio Castro Rey. Madrid, 4 de febrero de 2012
(www.ignaciocastrorey.com)
|
|
Blog alojado en ZoomBlog.com
|
|